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Los buenos tiempos de un mercado laboral que tiene mucho que resolver en León
La aparente bonanza del trabajo no oculta desafíos crecientes: dependencia de los servicios que condena a la precarización, tasa de actividad siempre a la cola del país, incidencia de las bajas a la cabeza nacional, creciente desajuste entre oferta y demanda y trabajadores condenados a la pobreza

El aumento de las bajas laborales y el desajuste entre la oferta y la demanda son dos de los principales retos del mercado laboral en León.
La buena racha macroeconómica sostiene el crecimiento y la estabilidad en el empleo, y esa es la base de la tranquilidad económica de las familias y del mantenimiento del consumo. Aunque cada vez con más matices y menos garantías de poder adquisitivo real. El mercado laboral leonés se asienta irremediablemente en una de las tasas de actividad más bajas del país, siempre a la cola; la terciarización económica a cuenta de una mayor dependencia del turismo y la hostelería se traduce en contratos temporales y más precarios; el envejecimiento poblacional generalizado se refleja en el panorama laboral (crece el número de colectivos estratégicos que afrontan la jubilación masiva del baby boom sin perspectiva de reemplazo); las bajas laborales (absentismo en general, según la patronal) sitúan a León como una de las provincias con más horas y euros perdidos; el desajuste entre la oferta y la demanda crece en el absurdo de personas que no encuentran empleo y empresas que no encuentran trabajadores; las subidas por decreto del Salario Mínimo Profesional ahogan a los pequeños negocios y se dispara el número de leoneses que tienen empleo y sueldo, pero viven en el límite (o directamente por debajo) de la pobreza. Una compleja ecuación que en León tiene el reto permanente de retener el talento de los jóvenes que forma, y que de momento sigue a la fuga.
La fuerte dependencia del sector terciario, de los servicios y sobre todo del turismo, que crece en la provincia, condena a la resiliencia (el término clave tras la pandemia) del desarrollo local a sucumbir a los ciclos económicos. Como en el resto de España, pero con menos recursos en las recuperaciones, la generación de riqueza y empleo crece rápido en épocas de bonanza, pero destruye actividad sin contemplaciones en épocas de recesión. Y con ella se lleva el empleo.
Dos décadas
En las últimas dos décadas, desde que el mercado laboral llegó a su máximo en León con el largo período de crecimiento que se truncó bruscamente a partir de 2007, todos los índices relacionados con el empleo en la provincia muestran una alarmante pérdida de efectivos laborales. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) desde el inicio de la Gran Crisis hasta este momento la provincia ha perdido 31.400 habitantes, y el número de personas en activo se ha reducido en 15.300, hasta los 204.800. Apenas el 51% de la población leonesa está en disposición de trabajar. Con todo, en el último año se han recuperado casi 4.000 activos.
Mayor ha sido el desplome en la ocupación: 15.300 trabajadores menos, de superar los 200.000 a 185.400 ocupados, y eso después de un fuerte proceso de recuperación en los últimos tiempos, 9.300 sólo en el último año. La crisis económica rebajó hasta los 159.000 ocupados la cifra provincial, que se ha ido recuperando desde entonces, con el tropiezo de la pandemia en 2020.
La pérdida de población se ha traducido también en un descenso de las personas que están en situación de inactividad laboral, 193.900 según el dato más reciente, con una fuerte caida también en el último año (11.400 menos). Desde 2007 se han perdido 18.900 inactivos; la mayor caída y la mayor parte de ellos son mujeres.
En el caso de los parados, según la EPA la provincia cerró el año 2025 con 19.400, lo que supone un importante repunte sobre finales de 2024 (4.500 más), y supera las últimas cifras de la bonanza económica hace casi dos décadas; pero son menos que durante la pandemia (23.200 a finales de 2020) y desde luego de los momentos más duros de la recesión (51.300 en 2013).
En el análisis por sexos llama la atención que frente al importante descenso de activos varones desde 2007 (15.500 menos) las mujeres se han incorporado al mercado laboral (hay 3.000 más). Una evolución que se refleja en los datos de ocupados: 17.100 hombres menos, y 1.800 mujeres más.
Y un dato que, con ser generalizado, afecta de forma más aguda a la fuerza laboral leonesa: el envejecimiento de los afiliados. El número de trabajadores que supera los 45 años se acerca ya al 60%.
En los datos de paro registrado se mantiene la polémica sobre de qué forma maquilla el número de demandantes de empleo real la nueva forma de contabilizar los fijos discontinuos, por ejemplo. En todo caso es obvio que existe una bolsa de desempleo estructural que tiene cada vez más complicado acceder a un trabajo. Para ellos se multiplica el necesario escudo de ayuda social, tampoco exento de polémica. En no pocos casos, cobrar estos apoyos y seguir sin trabajar sale casi tan rentable como sobrevivir con un empleo precario. Las dos caras de una ayuda necesaria para los colectivos más vulnerables, aprovechada por otros que no deberían serlo tanto.
El absentismo
También en el ojo del huracán está el creciente número de bajas laborales, y el aumento de su duración. Una situación de salud que desde la patronal insisten en fundir con el absentismo, cuando son dos conceptos bien distinguidos. Aunque ambos lastran el avance de la rentabilidad empresarial. Detrás de este incremento hay varios factores en León: el envejecimento de la población laboral, que repercute en su salud; los crecientes problemas psicosociales, a los que no se presta suficiente atención y el retraso en las pruebas y tratamientos médicos en la sanidad pública, que dilatan la recuperación y, por tanto, la reincorporación de los empleados a sus puestos de trabajo.
En el caso de León la Federación Leonesa de Empresarios (Fele) cifra en 19.000 las personas que no acudieron a trabajar ningún día en el último año, una media del 7% de la fuerza laboral. Una «subida exponencial» que se ha agudizado curiosamente desde la pandemia. Y que afecta a todas las edades. En el caso de León (sólo Lugo tiene bajas mas largas que las de León en todo el país) las incapacidades temporables por contingencias comunes provocan bajas que duplican la media nacional.
Según los datos de la patronal anualmente se están iniciando unos 30.000 casos de incapacidad temporal, con una duración media de casi 80 días (la media nacional está en 41 y la autonómica en 53). Con un coste que en la provincia supone 87 millones de euros para las mutuas y 51 millones para las empresas, a los que habría que sumar el gasto del sistema público de salud.
Otro de los problemas que más preocupa a las empresas, pero que afecta de igual medida a los trabajadores, sobre todo de mayor edad, es el desajuste entre la oferta y la demanda de empleo. Que dificulta especialmente la cobertura de vacantes en empleos que van desde actividades básicas a otras más especializadas. Sobre todo, según los datos del Servicio Público de Empleo, es difícil para las empresas encontrar albañiles, camareros, enfermeros no especializados, terapeutas ocupacionales, cuidadores de personas tanto en los servicios de salud como a domicilio, fisioterapeutas, conductores de camiones, electricistas, cocineros, vendedores en tiendas, médicos de familia, chapistas y caldereros, programadores y diseñadores web y mecánicos de coches.
La práctica indica que tanto la contratación como la demanda de empleo se concentra en los grupos de empleo de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores, así como otras ocupaciones elementales. Entre ambos acaparan el 65% del total de contratos que se firman en la provincia de León.
Trabajadores y pobres
Uno de los aspectos que más preocupa es que se dispara el número de personas que, aún teniendo un empleo, viven por debajo del umbral de pobreza, que se sitúa en 11.700 euros de ingresos anuales. Una situación que se agudiza en una provincia donde ya los salarios son más bajos que la media, así como la renta disponible de las familias. Las dificultades económicas para llegar a fin de mes, o para hacer frente a algún gasto imprevisto (ya otras opciones como ocio, viajes o vacaciones están fuera de la realidad de miles de trabajadores), crecen alarmantemente en muchas familias. Según un informe de UGT, y a falta de dato provincializado, en Castilla y León son más de 691.000 las personas trabajadoras que perciben ingresos inferiores a esta media.