El Grupo Martínez compra Lácteas San Vicente, presente ya en 20 países
Fernando Díez Boñar vende el 51% de la histórica quesería tras 60 años al frente, aunque seguirá como consejero y asesor. La compañía, la más antigua de Villaquilambre, factura 25 M€ y emplea a 75 personas

Lácteas San Vicente posee unas modernas instalaciones en Navatejera.
Tras una evolución de casi setenta años de esfuerzo diario bajo el aroma inconfundible del queso bien hecho, en las instalaciones de Lácteas San Vicente de Navatejera se respira hoy una mezcla de nostalgia y optimismo. Fernando Díez Boñar, el hijo del fundador de esta empresa que ha llevado las riendas de la compañía durante las últimas seis décadas, ha decidido dar un paso al lado y vender el 51% de la quesería al grupo cántabro Martínez, referente del sector de la panadería en Santander.
Esta alianza no constituye solo una transacción empresarial, sino que es el abrazo entre dos familias que entienden que el futuro de la gastronomía artesanal pasa por la unión de fuerzas. Con 75 empleados, una producción superior a las 4.500 toneladas de quesos avalados por decenas de premios y más de 25 millones de facturación, Lácteas San Vicente era un «caramelo», pero la descendencia de la saga rehusaba dar el relevo. «Así que el proceso ha sido sencillo. Yo ya tenía respeto por mi edad y merezco un cierto descanso tras 60 años. Había que buscar una solución y encontramos a estos amigos», explica.
Tras una auditoría, Díez Boñar desaparece como máximo propietario al vender parte de sus acciones y pasa a ser consejero y asesor. «No va a cambiar nada, el resto de la estructura seguirá Igual», remarca este empresario comprometido, que recuerda como su familia llegó desde Garrafe de Torío a Navatejera hace 48 años, cuando el pueblo hoy más poblado de Villaquilambre apenas poseía viviendas, tiendas o bares.
Junto a sus pioneras instalaciones con cubierta verde sólo se veían praderías y la infinita vía del tren. Pero la vida cambia, y la granja-quesería soñada por el emprendedor Marcelo Díez en 1957 se convirtió en una de las compañías con mayor peso de la provincia y una gran implantación a nivel nacional. Todo, gracias a la mezcla de leche, cuajo y sal.
Desde la humildad y un trabajo callado, Lácteas San Vicente fue creciendo paso a paso en sus casi setenta años de andadura en ambas localidades, de la mano «de la innovación y una búsqueda de la calidad», según reconoce el hijo del fundador, que se ha visto recompensada con todo tipo de premios.
Desde que asumió el mando, no solo ha gestionado una empresa, sino que ha preservado un legado cultural leonés. Bajo su dirección, la fábrica se convirtió en un pilar económico para Navatejera y en la compañía más antigua del municipio.
Su decisión de «semijubilarse» no es una despedida total. Seguirá vinculado a la casa que vio crecer para aportar su paladar experto y su conocimiento profundo del sector lácteo para que la esencia de San Vicente no se pierda en la nueva etapa.
El comprador no es un desconocido. El Grupo Martínez es una institución en el mundo de la panadería y la repostería artesanal, que elabora 319 millones de kilos al año, factura unos 350 millones de euros anuales y da trabajo a más de 2.300 empleados. En Cantabria posee 250 trabajadores, repartidos entre las instalaciones de Guarnizo y Santander. Si se incluyen los empleos indirectos que genera —personal de limpieza, mantenimiento, logística y cartonaje— alcanza los 400 empleos. Comenzaron como un modesto obrador familiar que se ha transformado en un grupo sólido gracias a la calidad de sus masas y su capacidad de distribución.
De modo que la entrada en el sector lácteo es un movimiento natural. El pan y el queso forman un binomio inseparable, y el Grupo Martínez busca con esta compra diversificar su oferta manteniendo los valores de proximidad y artesanía que ambos comparten.
«Buscábamos un socio que respetara nuestra forma de hacer las cosas, y en el Grupo Martínez hemos encontrado el respeto por la tradición que San Vicente merece», comentan fuentes cercanas a la operación.