Villaquilambre coserá sus pueblos para darles un «sentido de ciudad»
El PGOU facilitará el desarrollo de la almendra central, con capacidad para 13.000 viviendas. El plan para llenar la barriga entre la LE-311 y la N-621 pasa por incentivos y agilidad burocrática

El aliado inesperado: la supresión de los pasos a nivel con la glorieta ya visible en Nava.
El cuarto municipio de la provincia de León se prepara para el cambio más ambicioso de su historia reciente. El alcalde, Vicente Álvarez, ha puesto sobre la mesa un plan estratégico para transformar la fisonomía de Villaquilambre de modo que gane «sentido de ciudad» y deje de ser una suma de diez localidades dispersas. Cohesión y funcionalidad frente a aislamiento.
La clave reside en modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 2011 para facilitar el desarrollo de la almendra central del municipio, un mar de metros cuadrados con ‘meandros’, que está encajada entre las carreteras León-Collanzo y León-Santander, y que posee una capacidad para más de 13.000 viviendas según el planeamiento.
Los cambios irían dirigidos a facilitar ese desarrollo y eliminar las barreras invisibles que separan ahora a los vecinos de ambas vertientes, además de optimizar con ello la gestión de servicios públicos.
El regidor explica que el proyecto apuesta por crear una continuidad urbana fundamentalmente entre las localidades de Navatejera, Villaquilambre, Villaobispo, Villamoros y Villarrodrigo. Cinco pueblos que concentran actualmente el 90% de la población y que aún poseen un desarrollo desigual y fragmentado entre sí.
El tripartito PSOE-UPL-Podemos quiere coser ese entorno para favorecer que la mancha urbana sea continua y no un archipiélago de urbanizaciones. «Se trata de dar sentido de ciudad a lo que hoy son núcleos dispersos para permitir una gestión más eficaz de los servicios y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos», señala.
En busca de «imanes de actividad» que animen una nueva expansión urbana
El Ayuntamiento estudia la ubicación de nuevos servicios y dotaciones públicas en este «mar de metros cuadrados» centrales para que actúen como imanes de actividad. Y un aliado inesperado en ese proceso lo constituyen las obras de 6,5 millones de euros para suprimir cuatro pasos a nivel, que será determinante. Al eliminar las vías del tren como frontera física, la unión entre Navatejera y Villaobispo, así como entre Villaquilambre y Villarrodrigo, será por fin una realidad sin obstáculos.
Con la zona del Caminón ya avanzada, Villaquilambre se enfrenta ahora al reto de completar el puzzle. El objetivo final es claro: que el vecino del municipio deje de sentirse residente de un pueblo para saberse ciudadano de una urbe moderna, conectada y eficiente.
Al igual que el Plan General de Ordenación Urbana reemplazó en 2011 a las desfasadas normas urbanísticas de 1993 cuando el municipio sólo alcanzaba los 5.000 habitantes, ahora se necesita modificar el PGOU para «resolver las carencias de infraestructuras y crear una malla central que rompa la mala tendencia de crecimiento siguiendo las líneas que marcan las carreteras León-Collanzo y León-Santander», explica el alcalde. El planeamiento dibujaba una ronda interior desde el cruce de La Granja, que abrazaría por la derecha Villaobispo, Villamoros y Villarrodrigo para enfocar Villaquilambre y subir hacia Navatejera hasta el cruce de los hospitales. Un vial que cuando se suprima la barrera del tren será más factible de recuperar en ese área central, y podría constituir el principal nervio de expansión y cohesión territorial. Para cruzar desde la LE-311 a la N-621 ya existen las calles la Cerrada (de Nava a Villaobispo) y Adolfo Suárez (de Villaquilambre a Villarrodrigo) y se ha preparado una tercera de 1 kilómetro.
Del papel al terreno: arranca el gran cambio junto a Los Adiles
La transformación ya ha saltado del papel al terreno con las máquinas que trabajan en las calles Juan de Juni y Remesón de Villaobispo, que constituyen un primer paso tangible de la estrategia de conexión de los pueblos del municipio. Los trabajos, de 650.000 €, permitirán llegar y salir del colegio Los Adiles, al que acuden más de 460 escolares, hacia la carretera de Santander (N-621) y evitar el rodeo que ahora se da a través de la localidad para llegar al centro educativo. El alcalde Vicente Álvarez reconoce que el desafío técnico para coser las localidades y darles un sentido de ciudad con servicios comunes es mayúsculo y pasa por ir dando forma al vacío urbano que existe en la barriga central del municipio simplificando la burocracia para que el desarrollo de ese suelo sea ágil. También se generarán incentivos para que sea atractivo instalarse en ese espacio.