Diario de León

Manuel Avilés, director de prisiones: «Del asesinato de Máximo Casado me acuerdo cada día, era ‘mi hermano’»

Avilés respondió a las preguntas de Santiago Fernández (es.Radio) y Miguel Ángel Zamora (Diario de León), moderadas por Roberto Núñez (La 8 León).

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TRAYECTORIA

«Me tocó la amnistía de Adolfo Suárez». «Yo creo que lo he visto todo. Porque entré recién llegada la democracia, me tocó la amnistía de Adolfo Suárez. Y eso igual los que mandan ahora, mi amigo Ángel Ortiz o mi amigo Vicente Cuenca, lo saben. Salieron los que estaban presos por delitos políticos del franquismo. Y los otros se quedaron dentro y protestaron. Y fue el verano del 77 que ardieron todas las cárceles españolas. Por lo menos la mía en la que yo estaba. La mía ardió 4 o 5 veces. Y entonces estábamos allí más presos que los presos».

UN CASO DOLOROSO

«Lo de Máximo Casado lo llevo a fuego». «Máximo Casado Carrera era un sindicalista, de los buenos, no de los de las campas. Este no era el del fular. Este que va todo el día con el pañuelo no tiene pinta de haber trabajado mucho. Igual el hombre es un gran trabajador. Máximo era un trabajador leonés. Se iba a venir a León, yo lo nombré jefe de servicios, se compró un piso en Vitoria y fue asesinado por el chivatazo de un vecino. Yo de ese hombre me acuerdo todos los días. Porque además era guerrero, o sea, como sindicalista era guerrero. Él era maestro y luego fue funcionario de prisiones, era de Santa Elena de Jamuz. Me dolió mucho. Me sentó como si hubiera muerto un hermano, porque yo me sentía responsable, porque fui el que lo nombró jefe de servicio. A él lo dejaron en Naclares. Y a mí me echaron, me tuve que ir y él se quedó».

LA CONVIVENCIA CON ETA

«Había que estar dentro con los terroristas». «En aquella época había un periódico que publicaba, y a mí me reventaba mucho, que los etarras pedían langostinos y champán cuando había un atentado. Y yo en Nanclares, siempre que había un atentado y sin haberlo, entraba al módulo. cuando había un atentado estaban en silencio, se metían en las celdas ellos solos. ¿Qué pasó? Pues que hubo dos atentados importantes. Uno fue en noviembre del 91. El niño, Fabio Moreno, era gemelo de un guardia civil y a mí me dolió un poco más que a los otros. ¿Por qué? Porque yo tengo gemelos aquí en León. Un gemelo podía haber sido el mío. Y a la semana, no llegó a una semana, fue el atentado de Irene Villa al lado del Estadio Manzanares, antiguo Estadio Manzanares. Yo entraba y los etarras estaban en silencio. Y había 40 etarras, no había tres. Estaban en silencio. No decían ni pamplona. Y el día de Irene Villa entré porque me llevaban los demonios. Eso es... Yo tengo que admitir, estaba yo psicopatizado también con esta película. Y entonces desde la puerta dije: ¡Aquí huele a hijo de puta que tira para atrás!. Y me di la vuelta y me fui. Mal hecho por mi parte».

GRABACIONES

«Me busqué la vida y coloqué dos micrófonos en dos locutorios». «Con un funcionario, también de mi confianza, le dije, no traigas a los etarras a comunicar, los metes en esos locutorios, no los metas, si hay 10 locutorios, no los metas en el 8, en el 1 o en el 2. Y esos fueron, o esos, sí, esas fueron, vamos a hablar con concordancias y condiciones, esas fueron las famosísimas cintas de Nanclares de la Oca, que dieron origen a la vía de Nanclares. El otro día oí, que la inventó Zapatero, eso es falso».

REACCIONES

«Los etarras dijeron que me había pasado tres pueblos». «Ellos no podían hablar con el director. Siempre había un delegado de ellos que era el portavoz de la bacharra. Bacharra es reunión, congregación, grupo. Y el portavoz dijo: «Quieren hablar con usted». Contesté: «Dile que ya bajo». Y bajé tres horas después. «Se ha pasado usted tres pueblos. No puede ser, no puede ser», dijeron. Y entonces yo pensé, «si no están de acuerdo, si están tan cabreados, los niños estaban cabreados a tope, yo dije, bueno, pues denunciadme. Me denunciáis, voy. Y ya harán conmigo lo que pueda». Yo pensé, pues entiendo a lo mejor me defenderá un abogado del Estado. Si no me defiende, pues ya me buscaré yo el mío. No denunciaron nada. Y entonces yo dije, estos van a hablar.

NOMBRAMIENTO

«Antonio Asunción me engañó». «Me llama Antonio Asunción, me causó la impresión de la lejanía de la divinidad. Antonio no quería parecer importante, pero lo era. Se mete detrás de un despacho, te pone a distancia, te dice que tiene la agenda muy complicada, que no te puede recibir, que te da hora para dentro de dos semanas. Eso es mentira siempre. Quieren parecer importantes. Yo a eso los tengo calados. No me impresiona. Y entonces me dice que le doy el perfil. No tengo ni puñetera idea de qué perfil es el que doy. He pensado en ti para una cosa. No me lo dijo. Quedamos tan amigos y me volví a mi casa. Y al mes me volvió a llamar. Ya insistió el hombre tanto que yo dije, bueno, venga, va. Pero me engañó. O sea, como a un chino. Las promesas de los políticos se hacen para no cumplirlas».

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