Metamorfosis en Villabalter
Oblanca inicia el derribo de sus naves de los años 70 para levantar un centro tecnológico de recría. Las nuevas instalaciones albergarán 100.000 gallinas al año

El techo de las viejas naves ya se está desmontando para un complejo tecnológico de recría de última generación.
Las máquinas ya trabajan en Villabalter. El ambicioso plan de Oblanca para revitalizar sus instalaciones históricas ha pasado del papel a la acción. Tras meses de planificación, la compañía ha dado el pistoletazo de salida a las obras que transformarán una parcela de más de 31.000 metros cuadrados en un referente de la avicultura del siglo XXI. La imagen de las máquinas demoliendo las viejas estructuras de los años setenta marca el fin de una era y el inicio de otra. El proyecto consiste en la creación de un complejo tecnológico de recría de última generación que sustituirá a las antiguas naves de engorde.
La nueva granja operará con una capacidad de 50.000 gallinas por ciclo (dos ciclos anuales) para garantizar un suministro de aves seleccionadas bajo estrictos criterios de bienestar animal para reforzar la capacidad productiva del grupo. Este renacer industrial no solo es una cuestión de infraestructuras; es un motor de revitalización para el municipio de San Andrés del Rabanedo, ya que se prevé la creación de 10 puestos de trabajo directos iniciales, a los que se sumará un importante número de empleos indirectos.
El complejo contará con monitorización informática del crecimiento, sistemas de control por imagen y una climatización avanzada. Al realizar la recría in situ y reducir el transporte de aves, Oblanca logrará una trazabilidad absoluta y una reducción drástica de su huella de carbono.
Con el inicio de los trabajos de demolición y adecuación del terreno, el cronograma se mantiene firme: la previsión es que el nuevo centro tecnológico esté plenamente operativo en el primer trimestre de 2027.
Este movimiento consolida la alianza estratégica firmada hace apenas unos meses con la portuguesa Lusiaves, posicionando a Oblanca como el segundo operador avícola de la Península. De los orígenes familiares en 1958 a la expansión global en tres continentes, Villabalter vuelve a ser el corazón de una empresa que no olvida sus raíces mientras abraza la tecnología más puntera.
La puesta en marcha de estas obras no es solo un hito industrial, sino el reencuentro emocional de una empresa histórica con el pueblo que la vio crecer. Mientras caen los viejos muros de hormigón, se levanta una infraestructura que blinda el legado de Oblanca en León y demuestra que la tradición avícola y la potencia tecnológica pueden ir de la mano para devolver a Villabalter el músculo económico que siempre le perteneció.