San Andrés del Rabanedo recuperará panteones en ruina para salvar a su cementerio acorralado
El camposanto está al límite tras ir siendo asfixiado por bloques de viviendas que impiden su expansión. La Junta Vecinal abre expediente administrativo para regularizar 30 derechos funerarios abandonados

El camposanto de San Andrés está al límite de su capacidad tras haberse quedado encerrado por bloques de viviendas.
El cementerio de San Andrés del Rabanedo es, probablemente, uno de los casos más singulares y complejos del urbanismo funerario leonés. Atrapado en un laberinto de viviendas que han ido creciendo a su alrededor hasta asfixiar cualquier posibilidad de expansión horizontal, el camposanto se enfrenta ahora a su «plan de choque» más ambicioso: crecer hacia dentro.
Ante el colapso inminente de las instalaciones y una lista de espera que no deja de crecer, la Junta Vecinal, encabezada por su presidenta María Amparo García García, ha anunciado el inicio de un expediente administrativo para regularizar los derechos funerarios de casi una treintena de panteones que presentan un estado de abandono total y ruina técnica. Esta medida no es solo una cuestión de estética o seguridad; es la última bala que le queda a la pedanía para garantizar que los vecinos puedan seguir enterrando a sus familiares en su pueblo.
La situación en el interior del recinto ha llegado a un punto crítico. La falta de mantenimiento por parte de algunos titulares ha derivado en tumbas derruidas, lápidas rotas y estructuras que suponen un riesgo real de accidentes para las familias que acuden diariamente a honrar a sus difuntos. «Ya hemos tenido algún problema y queremos evitar a toda costa que vuelva a suceder», explica tajante la presidenta.

El cementerio dispone de 102 nichos, 9 columbarios y 365 panteones.
De ahí que el procedimiento administrativo será garantista pero firme tras abrir un trámite de audiencia para intentar localizar a los herederos o titulares actuales. Si no hay respuesta —como se sospecha en muchos casos de tumbas que llevan décadas sin ser visitadas—, se procederá a la extinción del derecho funerario. Esto permitirá que la propiedad revierta a la Junta Vecinal y liberar así nuevas unidades de enterramiento en un recinto que dispone actualmente de 365 panteones, 102 nichos y apenas 9 columbarios.
El cementerio actual está literalmente encajado entre viviendas, lo que impide ganar un solo metro cuadrado de terreno. Sin embargo, el arraigo de los vecinos es más fuerte que la falta de espacio: las familias se niegan a renunciar a que sus seres queridos descansen en el corazón de su localidad.
La gestión de este camposanto ha tenido que lidiar también con anacronismos sorprendentes. Hasta hace muy poco, el cobro de la tasa de mantenimiento (apenas 10 euros anuales) se realizaba puerta a puerta, un método tradicional que la Junta Vecinal está tratando de erradicar mediante la actualización del padrón y la localización de propietarios.

Las familias se niegan a enterrar fuera de la localidad a sus seres queridos.
«Nuestra obligación es facilitar un espacio para todas aquellas familias que deseen depositar a sus seres queridos aquí», resalta García. En este sentido, la pedanía ya ha realizado esfuerzos heroicos con sus limitados recursos, como la construcción progresiva de 16 nuevos columbarios para atender el auge de las incineraciones.
Tras el intenso trabajo de meses para actualizar el censo de propietarios, la hoja de ruta está clara. Una vez se resuelva el expediente de los 30 panteones abandonados, el siguiente paso será acometer obras estructurales para acabar con las humedades que afectan a varias zonas del recinto.
San Andrés no puede crecer hacia fuera, pero con esta maniobra legal, la Junta Vecinal espera «limpiar» el camposanto de ruinas y desidia para ganar, al menos, unos años más de vida útil en un lugar donde la muerte está, más que nunca, rodeada de vida vecinal.
El macro cementerio municipal en el limbo
El problema de San Andrés pueblo no es nuevo. En 2004, coincidiendo con la constitución de la Mancomunidad de Servicios Funerarios de León y su alfoz (Serfunle), se prometió un cementerio municipal de 1 M€ con 650 nichos y un Jardín de las Cenizas en 31.000 m2, que sigue en el limbo. Pero es que los vecinos tampoco quieren enterrar fuera del pueblo.