Diario de León

El alfoz de León, a ojo de buitre

Un bando de carroñeros toma la carretera de Montejos a Villanueva para saciarse de los restos de un cadáver

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León

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Pasa cada vez que un cadáver queda expuesto sobre al hierba , o entre la maleza del bosque bajo, cuando las pegas, al acecho, hacen cabrioletas en el aire; desde más arriba, un bando de buitres se da por aludido. El ojo del buitre puede avistar los reflejos de las colas de pluma y abanico de los córvidos a treinta kilómetros de distancia. Es el ciclo natural. Las pegas y otros rabilargos son los primeros en dar la alarma. Eso ocurrió este mediodía, para atraer a este rebaño que limpia, fija y da esplendor, en torno al festín del ciclo d ela naturales. Un depredador abre el fuego, y los carroñeros barren las huellas de la escena del crimen. En poco más de una hora no quedará nada. Acaso, esta imagen captada por la cámara cada vez más posible de los buitres cuando toman posiciones en torno a la mesa, como en esta secuencia del alfoz de León, en la carretera de Montejos a Villanueva de Carrizo. El monte siempre es una oportunidad para observar la belleza natural.

Esta sugerente y cruda estampa literaria retrata a la perfección el implacable engranaje de la naturaleza, pero la escena del alfoz de León, en esa carretera entre Montejos y Villanueva de Carrizo, esconde una red de interacciones ecológicas aún más fascinante. Lo que a simple vista parece un evento fortuito es en realidad una coreografía perfecta de supervivencia y cooperación involuntaria entre especies, donde cada actor tiene un papel estrictamente asignado por la evolución.

El proceso comienza con las pegas y los rabilargos, astutos córvidos que actúan como los verdaderos delatores del monte. Al ser animales omnívoros y oportunistas que patrullan constantemente el estrato bajo y los caminos, detectan cualquier baja casi al instante. Sus piruetas en el aire y sus graznidos estridentes no son casuales; aunque intentan aprovechar los primeros restos, su alboroto actúa como un faro acústico y visual irrenunciable para los grandes señores del cielo.

A kilómetros de distancia, la asombrosa agudeza visual de los buitres leonados entra en juego. Estas aves no solo escanean el suelo en busca de carroña, sino que vigilan atentamente el comportamiento de los córvidos y de otros buitres. Al repartirse el cielo flotando en las corrientes térmicas, forman una red de espionaje aéreo; cuando el primer buitre detecta el revuelo de las urracas y desciende, los demás interceptan ese movimiento desde la distancia, desencadenando un efecto dominó que convoca a decenas de ejemplares en cuestión de minutos.

Al llegar al festín, se respeta una estricta jerarquía donde los grandes depredadores o carnívoros, como el lobo o el zorro, suelen ser los encargados de abrir el fuego al rasgar el cuero duro del animal. Una vez abierta la veda, los buitres leonados consumen la masa muscular y las vísceras con una velocidad pasmosa, cediendo el turno final a milanos, alimoches y a los mismos córvidos, quienes se encargan de retirar los pequeños tendones y restos adheridos que los picos más grandes no pueden arrancar.

El escenario del alfoz de León resulta idóneo para este ciclo, ya que el paisaje que conecta Montejos del Camino con Villanueva de Carrizo combina zonas de cultivos, páramo y monte bajo, un corredor habitual para la fauna. Aunque tradicionalmente estos banquetes se nutrían de las bajas del ganado, hoy en día suelen estar protagonizados por fauna silvestre como corzos o jabalíes, víctimas de accidentes de tráfico en las carreteras secundarias o de la propia depredación natural.

Lejos de ser una imagen macabra, la secuencia de los buitres tomando posiciones en la mesa es el retrato de un servicio sanitario vital para el ser humano y el entorno. Al hacer desaparecer el cadáver en poco más de una hora, este rebaño del aire evita la proliferación de bacterias patógenas, la contaminación de las aguas subterráneas y la dispersión de enfermedades infecciosas, demostrando que el monte leonés siempre ofrece una oportunidad para observar la cruda belleza y la utilidad de las leyes naturales.

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