La humedad y el moho en casa: qué riesgos son reales y qué remedios no sirven
Una señal aparentemente inofensiva en las paredes puede esconder un problema más serio de lo que parece. Expertos en salud ambiental detallan las medidas que sí frenan la aparición de hongos en techos y paredes
El peligro depende de la cantidad, el tiempo de exposición y la salud de cada persona
La presencia de moho en una vivienda no es solo un problema estético. Las manchas negras, verdes o blanquecinas suelen indicar un exceso de humedad que debe corregirse cuanto antes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) relaciona los edificios húmedos y con proliferación de moho con un mayor riesgo de síntomas respiratorios, alergias y agravamiento del asma.
El peligro depende de la cantidad, el tiempo de exposición y la salud de cada persona, especialmente en menores, personas con asma, enfermedad pulmonar o defensas bajas.
Qué riesgos son reales
Las esporas de los hongos se dispersan por el aire y pueden provocar congestión nasal, estornudos, irritación de ojos y garganta, tos o pitidos al respirar. En personas alérgicas, la exposición puede desencadenar reacciones más intensas, mientras que quienes tienen asma pueden sufrir un empeoramiento de sus síntomas.
Las infecciones graves por hongos son poco frecuentes en personas sanas, pero pueden constituir un riesgo para quienes tienen el sistema inmunitario debilitado o una enfermedad pulmonar previa.
El problema no es únicamente el moho visible. Una filtración, una tubería con fugas, la condensación o una inundación pueden mantener húmedos los materiales de la vivienda y favorecer la aparición de hongos en paredes, techos, alfombras, madera, cartón o muebles tapizados. Por eso, limpiar la mancha sin eliminar el origen del agua suele ofrecer solo una solución temporal.
La humedad relativa debe mantenerse baja. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) aconsejan no superar el 50% durante todo el día; un deshumidificador o el aire acondicionado pueden ayudar. También es importante ventilar baños y cocinas hacia el exterior, reparar las fugas y secar las zonas mojadas en un plazo de 24 a 48 horas.
Remedios que no bastan
Pintar encima de una pared con moho, aplicar una capa de pintura antihumedad o cubrir la mancha con silicona no elimina el problema. Estos productos pueden ocultar temporalmente el aspecto de la superficie, pero el hongo reaparecerá si persiste la humedad. La EPA y los CDC recomiendan limpiar el moho y solucionar primero la filtración, la condensación o la fuga de agua.
Tampoco es necesario identificar el tipo de moho mediante pruebas domésticas. Si el crecimiento es visible, lo prioritario es retirarlo y corregir las condiciones que lo permiten; los CDC no recomiendan realizar pruebas rutinarias de moho en casa.
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En superficies duras, una limpieza con agua y detergente puede ser suficiente. La lejía no siempre es imprescindible y nunca debe mezclarse con amoniaco ni con otros productos, porque puede generar gases tóxicos.
Si se utiliza, debe seguirse la etiqueta y garantizar una buena ventilación. Durante la limpieza conviene llevar guantes, gafas y, como mínimo, una mascarilla N95. Las personas con asma, enfermedad pulmonar o inmunosupresión no deberían encargarse de esta tarea.
Los materiales porosos muy afectados, como placas de techo, moquetas o algunos muebles tapizados, pueden tener que desecharse si no es posible limpiarlos y secarlos por completo. Cuando el moho ocupa una superficie extensa, reaparece tras la limpieza o procede de una inundación importante, resulta más seguro recurrir a una empresa especializada.
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