Diario de León

«En algún momento pensé que podríamos ser corresponsales de paz, no de guerra»

Ya pertenece a una nueva generación de corresponsales de guerra, y entre ellos es la más joven. Olga Rodríguez Francisco (27 años) es leonesa, igual que sus padres, Gonzalo y Pura, también periodistas. Ha vivido el horror para contarlo. Y lo ha

Olga Rodríguez Francisco posa en la azotea de la sede de la Cadena Ser, en la Gran Vía madrileña

Olga Rodríguez Francisco posa en la azotea de la sede de la Cadena Ser, en la Gran Vía madrileña

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Marco Romero - León
León

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Estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, y cuando acabó se fue a Washington para especializarse en relaciones internacionales. Su primer trabajo fue en la Ser, y ahí continúa, ahora un poco más consagrada que en febrero, cuando decidió partir hacia Bagdad sin saber lo que la esperaba. -¿Cómo se desencadenan los hechos hasta que se convierte en la nueva corresponsal de guerra de la Ser? -Yo soy redactora de Internacional y me interesaba ir. La Cadena Ser quería enviar a alguien y yo dejé ver que a mí me interesaba, que me gustaría estar allí. Llegué a Bagdad un 3 de febrero con la intención de quedarme unos días, incluso unas semanas, para contar lo que allí estaba ocurriendo. En un principio pensé que quizá no pasaría nada, que quizá podríamos ser corresponsales de paz y no de guerra, porque la opinión pública y las sociedades de todo el mundo eran tan sumamente fuertes contra la guerra que creíamos que eso podría pararlo. No fue así y, finalmente, hubo que tomar una decisión y decidí que quería quedarme para relatar el conflicto. [La entrevista se realiza el pasado viernes, y Olga acaba de aterrizar en España. Todavía mantiene la primera persona del plural cuando habla de los compañeros periodistas, de los que subraya el gesto humanitario y solidario que mantuvieron durante todo el conflicto] -¿Tiene la percepción de que muchos de los periodistas que decidieron acudir a esta guerra son gente que trabajaba en precario y que se marcharon un poco a buscarse la vida? Ha sido un comentario muy extendido. -No. Hay free lance, como en todos los sitios, que hacen su reportaje para vender en medios de comunicación. Los periodistas españoles trabajaban para empresas, yo en concreto tengo contrato fijo en esta, y la mayoría formaban parte de la plantilla de los medios. -¿Fue censurada alguna vez? -No podían imponer censura porque afortunadamente la radio es un medio muy inmediato. Lo que sí había era un control férreo de nuestros movimientos. Había lo que se llamaban guías, que es un término eufemístico, claro, porque eran auténticos espías que pasaban informes de cada uno de nosotros. Yo pude deshacerme del que me asignaron: le mareaba bastante, le decía que tenía que subir a la habitación a un directo y, bueno, se cansó de que le esquivara. Siempre sospechamos que la Embajada de Irak en España hacía un seguimiento de las informaciones que mandábamos. Luego allí, continuamente, los funcionarios del Ministerio de Información nos decían lo que podíamos contar y lo que no; lógicamente no les hacíamos ni caso. Nos decían, por ejemplo, que al régimen de Sadam Husein no le llamáramos régimen. Era frustrante. Pasé días duros porque no siempre tienes la fuerza suficiente para poder estar soportando ese control y ese seguimiento tan exhaustivo. Decidí no ir a ruedas de prensa que ofrecían miembros del régimen de Sadam Husein. Al día siguiente tenía funcionarios frente a mí preguntándome que por qué no había ido a esa rueda de prensa, dónde había estado... -¿Qué sentimiento le provocan las imágenes de esa guerra que vivió? -Pues he visto tan sólo un par de imágenes que me han puesto hoy, pero acabo de aterrizar y no he tenido tiempo para ver absolutamente nada, aunque hay muchas que se han quedado grabadas en mi mente. Cuando el otro día llegaba a Amman, la capital jordana, y cogí el avión con destino a Madrid acompañada de una amiga iraquí, pasaron por mi mente mil y una imágenes de gente con algún pariente muerto, gente que me ha reencontrado después de la guerra mucho más delgada, más deteriorada; me decían que se sentían muertos por dentro, que cuando empezó todo aquello se creían capaces de soportarlo, aunque no fue así. Antes de la guerra conocí a una chica de 21 años, Anur. Estaba enamorada, planeando proyectos. Cuando la he vuelto a ver ni se acordaba de esa historia de amor porque había perdido a sus padres y buscaba agua potable para sus hermanos. Son muchas imágenes. -¿La más horrenda de todas? -Yo creo que no es una imagen en concreto. El miedo y la incertidumbre que han azotado a diario a la población iraquí. Eso tan repetido, esa violencia sin rostro que eran las bombas cayendo sobre Bagdad es algo que no se olvida. -¿Vivió algún momento mágico, positivo? -Tengo momentos amenos con los periodistas españoles, cuando nos reuníamos. Ha habido una solidaridad fuera de lo normal, y tratábamos de hacer duelos conjuntos por la noche. Había momentos incluso divertidos en los que tratábamos de echar fuera toda la tensión. Además, allí la población es hospitalaria, amante de la conversación, etcétera. -¿Qué se le pasa a uno por la cabeza cuando atacan el hotel donde se encuentra?, ataque en el que por cierto falleció el periodista de Tele 5 José Couso. -Yo estaba en la planta decimosexta -el ataque afectó a los pisos 14, 15 y 16 del Hotel Palestina-. El balcón de esta planta quedó muy destrozado. Yo estaba asomada observando los tanques que pasaban el puente, a unos 1.250 metros del hotel. Afortunadamente, el teléfono satélite sonó, entré en la habitación y en esos momentos explotó la bomba. Yo pensé que había explotado algo dentro de mí. Me cayeron cristales y escombros, me quedé sorda momentáneamente y salí corriendo a buscar a otros compañeros. Bajamos corriendo las escaleras pensando que el hotel se podía desplomar, que nos iban a atacar nuevamente, y cuando llegué al piso catorce me encontré un compañero de la RAI que gritaba que Couso estaba herido. A partir de ahí lo dejamos todo y nos volcamos en llevarle al hospital. A lo largo de la mañana íbamos viendo cómo iba evolucionando, y a las dos menos dos minutos de la tarde, hora española, llegó Jon Sistiaga -corresponsal de Tele 5- diciendo que Couso no había podido resistir. Dos minutos más tarde yo tenía que entrar en antena y lo hice llorando. Para mí fue la crónica más dura que he hecho nunca. -Doy por hecho que usted hubiese participado en las manifestaciones contra la guerra, pero ¿qué piensa ahora cuando le dicen que el presidente del Gobierno llama antiespañoles a quienes lo hicieron en esas protestas multitudinarias? -Eso debe ser que al presidente del Gobierno no le gusta mucho que la gente ejerza su libertad de expresión. Poco más puedo decir porque creo que no merece muchos comentarios. -¿Cree que hay armas de destrucción masiva en Irak? -Puede haberlas, pero, en fin, creo que los inspectores de Naciones Unidas hicieron un trabajo muy exhaustivo buscando esas armas y no encontraron absolutamente nada. Eso quiere decir algo. -Y siguen sin aparecer. -Seguimos sin encontrar nada. -¿Cuál va a ser su trabajo a partir de ahora? -Tomarme unas largas vacaciones. Necesito ver el mar, leer mucho. Lo eché mucho de menos en Bagdad. El otro día me encontré sola porque la mayoría de los periodistas españoles ya habían regresado, y me llamó mi madre. Le dije que necesitaba salir de esa pesadilla y me estuvo leyendo unos poemas por teléfono que me calmaron un poco, y creo que necesito más de esas vitaminas.

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