Publicado por
JULIÁN LÓPEZ
León

Creado:

Actualizado:

QUERIDOS diocesanos: La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo es una fiesta de alabanza y de acción de gracias. En ella la comunidad cristiana se reúne alrededor del altar para contemplar y adorar el Misterio eucarístico, memorial de sacrificio de Cristo, que ha dado a todos los hombres la salvación y la paz. Como dice el Papa Juan Pablo II en su reciente encíclica sobre la Eucaristía y la Iglesia: « Misterio grande, misterio de misericordia. ¿Qué más podría pedir Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13,2), un amor que no conoce medida (n.11). Un año más, en la capital de la Diócesis y en todas las parroquias, la celebración solemne irá seguida de la tradicional procesión como profesión de fe y reconocimiento público de la presencia sacramental del Señor. Pero, mientras adoramos el Cuerpo de aquel que es nuestra Cabeza, no podemos olvidarnos de los que sus miembros, especialmente si sufren a causa de alguna necesidad material o espiritual. Más aún, la fraternidad cristiana debe ir más lejos de la estricta pertenencia a la Iglesia por el Bautismo y la comunión en la misma fe. Ningún ser humano está fuera del amor redentor de Jesucristo, y en consecuencia nadie que padezca un problema o requiera ayuda o auxilio puede estar excluido de la caridad. El lema de la jornada de Caridad: «Podrías ser tú. La exclusión nos incluye a todos », nos pide que no permanezcamos indiferentes ante cualquier forma de marginación personal o de separación de los bienes que están ordinariamente al alcance de todos los ciudadanos. Aunque no participemos de manera directa, algo podremos hacer. Al menos apoyando económicamente a las organizaciones de la Iglesia Católica, como Caritas, que actúan en nombre de la comunidad cristiana. Por otra parte, el creyente no debe rendirse ante la magnitud de los problemas. Sabe que en toda ocasión puede contar con la ayuda de Dios. A este respecto no está de más que la caridad práctica, es decir, la limosna o el donativo, vayan acompañados de la oración. De la oración sincera, que compromete siempre, porque supone una especie de examen de conciencia delante de Dios. Celebremos la grandeza del Misterio eucarístico y seamos consecuentes con sus exigencias de amor y de caridad práctica y efectiva.

Cargando contenidos...