JUÁREZ | Orientación escolar | Las discusiones, a un lado |
Hablemos de negocios
La comunicación efectiva se convierte en la mejor herramienta para que padres e hijos negocien sobre los asuntos que les preocupen hasta alcanzar la solución que mejor les venga a todos
El llegar al diálogo requiere paciencia y experiencia
Tiene quince años, quiere salir con sus amigos todos los días, lo que consideras excesivo y, «lo peor de todo», es tu hijo. Así que vas a tener que intentar solucionar este asunto: al principio lo hablásteis, ahora lo discutís, dentro de poco... abandonas, y «que haga lo que quiera, que yo ya no puedo con él». Los conflictos entre padres e hijos son habituales en todas las familias, aunque los motivos sean diferentes. Lo primero que suele llegar son las reprimendas; luego los castigos, las broncas y las amenazas; y después, en no pocas ocasiones, el abandono de la causa, dejando al niño por imposible. ¿Pero se puede hacer otra cosa, acaso? Pues sí, negociar una alternativa. Esto consiste en discutir el asunto hasta llegar a un acuerdo que suponga una satisfacción para ambos: las dos partes ganan y pierden algo, pero al menos se llega a una solución. Esta técnica, que se conoce como «comunicación efectiva», exige paciencia y experiencia. Y seguir unas sencillas orientaciones: 1 Comenzar siempre por algo positivo (si es posible). A nadie le gusta recibir críticas, así que si va precedida de algún aspecto positivo, se evitan las posturas a la defensiva. Así, es mejor decir: «Ya sé que te has esforzado pero tienes que dedicarle más tiempo a los estudios», que decir: «Ya sabía yo que no se podía confiar en ti». 2 Evitar las generalizaciones del tipo «tú siempre...» o «tú nunca...». 3 Discutir sólo un problema cada vez. Si se abordan varios temas, se lía todo. «Por cierto, ¿qué fue del dinero que tenías en la hucha?». 4 Expresar los sentimientos: «Cuando haces eso, yo me siento...». 5 Admitir la propia responsabilidad en el problema que se discute. 6 Centrarse en buscar soluciones. Definido el problema, si no se llega a este punto, el proceso no habrá servido para nada. 7 Analizar las ventajas y desventajas de cada solución propuesta. 8 Definir los acuerdos a los que se llega y exigir su cumplimiento: «Hemos llegado a este acuerdo, yo me comprometo a esto y tú a esto otro». Y si se rompe el pacto, vuelta a empezar.