Diario de León

| Los finalistas |

Por un futuro mejor

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León

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Mucha gente piensa que reciclar es difícil, cansado y que al final no sirve para nada, eso también pensaba yo hasta que hace unos días me ocurrió algo impensable, una visita que ha cambiado mi forma de pensar, mi forma de vivir. Como bien decía antes, hace unos días quedé con mis amigos para jugar a la nieve, pues había caído una gran nevada. Cuando salí de mi casa aproveché para tirar al contenedor las pilas usadas de mi radio y el torreón del ordenador pero, cuando abrí el contenedor oí una extraña voz que me decía: ¡No!. Yo pensé que era mi imaginación y seguí mi camino hacia casa de mi amiga. De camino me topé con una anciana que llevaba una bolsa con papeles muy viejos y decidí ayudarla a tirarlos al contenedor de la basura y la señora me dijo: tíralos en el contenedor azul, para reciclarlos. Yo le dije que quedaba muy lejos así que lo tiré en el contenedor de toda la vida y de nuevo oí la misma voz de antes diciendo: ¡No lo hagas! Me asusté, miré hacia mi alrededor y no vi nada. Seguí mi camino y llegué a una casa donde vi a unos hombres que estaban poniendo unas placas al tejado, ¡aquello parecía una nave espacial! Yo me reí irónicamente y a mi lado apareció una chica que tenía unos rasgos parecidos a los míos, me dijo qué me hacía tanta gracia y que por qué no la había hecho caso, la pregunté quién era y me llevó a una callejuela para que no nos oyese nadie. Allí me dijo que ella era mi tataranieta, yo me reía y entonces me enseñó la pulsera que llevo desde que nací con la fecha de mi nacimiento y mi nombre, entonces la creí aunque me costó porque esa pulsera la llevaba yo puesta en ese momento. Me dejó atónita. Cuando asenté la cabeza me preguntó que si sabía lo que era el protocolo de Kyoto, el calentamiento global, el reciclaje... ante esas cuestiones me pilló porque la verdad hasta que me lo explicó no sabía nada, bueno del reciclaje sí sabía pero nunca lo había puesto en marcha... La verdad es que ella no había retrocedido un siglo de no ser para advertirme de algo... Primero se sorprendió al ver la nieve porque en realidad ella había venido aquí para decirme que en el siglo XXII todo era muy distinto, que por culpa de la gente como yo que ignoraba la importancia del reciclaje y por culpa de las grandes empresas que no cumplían con el protocolo de Kyoto, entre otros factores, en la España donde vivía no había invierno, por tanto nunca en su vida había visto la nieve, y que en el mes de agosto las temperaturas no bajaban de 50ºC por lo que las precipitaciones eran tan abundantes que mucha gente no lograba sobrevivir. También a lo que ahora llamamos costas de Galicia ellos lo llaman costas cercanas a Santiago de Compostela porque debido a las intensas lluvias y al deshielo de los polos la densidad de agua ha subido, también me contó que el litro de agua era muy caro y también que los árboles eran muy escasos... Tras decirme esto me dijo que todos deberíamos hacer algo pues el destino de la humanidad estaba en nuestras manos. Esto me hizo reflexionar y entonces mi supuesta tataranieta me dio las gracias por escucharla y sacó de su bolsillo una especie de teléfono móvil y en un instante a su lado apareció una máquina del tamaño de una persona se metió en ella y desapareció entre una onda que debía ser la red del tiempo. Decidí no contarle esto a nadie, pero sí contar lo beneficioso que es reciclar y animar a la gente a que lo haga. Tal vez mi historia os parezca una historia de ciencia-ficción pero saber que nuestro planeta puede acabar así nos parece más de ciencia-ficción y sin embargo no hay nada más próximo que eso a la verdad. Sin duda alguna si no hacemos algo ahora puede que nuestras generaciones futuras no puedan disfrutar de lo que hoy tenemos, un mundo donde vivir. 1397124194

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