El imputado sostiene que se enteró del caso por la televisión y que lo siguió a través de la prensa
«Me parece un insulto que me vinculen a un crimen tan despreciable como éste»
El imputado asegura que confesó tres veces ser el autor de los hechos «por la presión de la policía»

Un posible miembro del jurado popular espera el proceso de selección
El segundo acusado por el crimen de La Candamia calificó ayer de «despreciable» el asesinato de Jorge Ramón Álvarez Alegre y manifestó sentirse «insultado» de que se le vincule a lo sucedido, además de significar que, las tres oportunidades previas en las que declaró ser culpable, se encontraba bajo la presión de la policía, que según el testimonio que ayer ofreció el imputado, le presionó en repetidas oportunidades para que confesara su autoría «porque así me conseguirían una pena muy leve o a lo mejor, hasta me dejaban libre». Los hechos que se juzgan se remontan a diciembre del año 2000. La víctima, un joven asturiano, apareció acribillado a navajazos en el parque de La Candamia, y murió tras recibir 105 puñaladas. Por estos mismos hechos, un primer imputado, menor de edad en el momento del crimen, se encuentra en prisión, cumpliendo una medida de internamiento por dos años. El fiscal sostiene que el segundo acusado también tomó parte en los hechos, y solicita para él una pena de 23 años de prisión y una inmdenización de 60.000 euros para la hermana de la víctima. La acusación particular eleva los cargos a 25 años y 200.000 euros y la defensa sostiene que procede la libre absolución, porque el sospechoso no se encontraba en el lugar de los hechos el día del asesinato. «Jamás he matado a nadie» El joven apuntó en su testimonio que el otro implicado «había ido fardando por León de que había matado a un tío, pero yo jamás he matado a nadie ni lo haré». No denunció lo que había oído «porque pensé que era un farol de mi amigo» y reconoció ser miembro de un grupo musical cuyo nombre se traduce por Sala de despiece «porque este tipo de música (supuestamente satánica) me permite canalizar mis problemas». Apodado Tumba en sus círculos cercanos, supo del crimen «al día siguiente, en los telediarios» y conoció los detalles más concretos «porque en el periódico publicaron un muñeco en el que se veía donde le habían dado las puñaladas». En el Juzgado de Instrucción 7, ante el fiscal y en el Juzgado de Menores, confesó ser el autor del crimen: «La policía me obligaba a decirlo».