El perro se acuesta a la última vuelta

Los cálculos socialistas no sirvieron para que el equipo de gobierno aminorara un ápice su ritmo de desarrollo de la iniciativa

El voto del equipo de gobierno valió para desestimar las alegaciones

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A. Caballero - león
León

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Una sesión extraordinaria da para muchas cosas, que ya lo resumió el alcalde mediado el Pleno: «Se acaba debatiendo el sexo de los ángeles, quienes somos, de dónde venimos, adónde vamos...», recitó Amilivia las preguntas filosóficas básicas, cansado de que los socialistas porfiasen para retrasar un poco más el proyecto del aparcamiento subterráneo de la Inmaculada. Pero entre que los socialistas no encontraron el capítulo del método cartesiano de Descartes y que el equipo de gobierno apuesta más por la teleología, el debate se enmarañó sin más salida que la aportada por los recursos políticos de cada cual, un espacio en el que los datos se comparan con diferentes resultados. «En hora punta, de 20.00 a 21.00 horas, hay 3.406 vehículos en salida en la plaza», propuso Gutiérrez como tabla base para iniciar la contienda. «En el centro hay un tránsito de 45.000 coches», aportó el alcalde, después de que el edil socialista hubiera aplicado la cábala para resolver el dilema de la ocupación y mientras que alguno de los presentes en las butacas sacara dedos para resolver que «entonces hay más coches que personas». Como la discusión parecía vararse en punto de no retorno, Rodríguez de Francisco puso el punto de sal. «Creo que la sociedad ya ha intervenido bastante, demasiado», consideró el edil no adscrito antes de mirar a los bancos del PSOE para reprocharles: «Cuántas vueltas para que lo público ceda en favor de los interese privados de un aparcamiento cercano». Gutiérrez, que miraba el emplomado al hablar el primer teniente de alcalde, quiso separar posturas con respecto al equipo de gobierno: «Ustedes toman la decisión, pero no ofrecen participación como hicimos nosotros. Son dos formas de hacer política», puntualizó. «Claro, ustedes no tuvieron oposición porque no hicieron nada», saltó la concejala de Urbanismo, María José Alonso, en plena refriega. El alcalde, a quien le empezaba a hastiar el debate, fue salomónico a la hora de dictaminar sobre las acusaciones del PSOE. «Eso lo dice la ley, y sino lo digo yo», zanjó ante los remilgos por la diferencia de redacción en los pliegos. «Parece que esto no se acaba nunca», se quejó uno de los espectadores al ver los modos trabados. «El perro siempre se acuesta a la última vuelta», le tranquilizó su acompañante.

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