Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Nosotros, los impositores

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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LA CAJA DE AHORROS y Monte de Piedad de León, (Caja España para los íntimos) ya no es ni mucho menos lo que era. Antes los más calificados personajes de la ciudad se avenían a formar parte del Patronato de la Caja y constituían el Consejo rector. Y funcionaba. Ahora, yo no sé, madre, lo que tiene la Institución, que todos quieren entrar en ella, formar parte de sus órganos rectores y naturalmente beneficiarse con los premios, subvenciones y sinecuras que se suelen prodigar entre asociaciones que hacen la guerra económica con dineros ajenos. Como será de conflictiva la Institución, que incluso la Comisión Electoral, mediante el buen sentido y sensibilidad de su Consejera de Hacienda en la Junta ha confesado que se cohibe entrar en polémica sobre tantísimos desafeuros, hasta que no se sepa algo «en firme». ¿En firme o en serio? Porque aparte de que le surgen pretendientes a la Caja tantos como amantes a la famosa de turno, alguno de los que se apresuraron a juntar los justificantes acreditativos de su condición de candidato «al puesto que tengo allí» (que se cantaba en el himno), quebrantando cualquier impedimento moral, se acercó al lugar en el cual se cocía la merienda de negros prometiendo cien euros, que ya es una cantidad respetable, por cada uno de los votos que se le concedieran. Y naturalmente, a la hora de la revisión, se comprobó que el impositor de impositores resultó elegido. Los investigadores ignoran aún la cantidad que el tal candidato tuvo de conceder a la parroquia por su voto, pero resulta más extraño, misterioso y sorprendente que la Comisión Electoral no apareciera en el lugar de autos para condenar la fechoría institucional que permite que el democrático instrumento que debe ser el juego de candidatos y electores, se haga como los tahures, apostando con dineros por delante. Y en este trance tan oscuro, el buen vecino se pregunta: ¿Y quien otorga la condición de impositor con licencia para intervenir en las votaciones? Porque la malicia aldeana de la gente de la calle, renueva el cantar antiguo, cuando refiriéndose a la provisión de plazas y asociados, entonaba con música carnavalesca: «Hoy es socio del Casino/ todo el que le da la gana/ el Melecio, el Tito Negro/ la Bernarda y la Juliana»... Y por estas y otras manipulaciones igualmente extravagantes y difícilmente ejemplares la biografía, tan saludable y limpia de la Institución, se ha convertido en ejemplo del «marbellismo» extendido por España, y la escasa o nula autoridad y prestigio real que se acumula en torno a esta o a tantas otras Instituciones y organismos, sin que aparezca el juez «Marlasca» que tire de la manta y ponga al descubierto la enorme trampa que resultan las más prestigiosas instituciones. A la hora en que cierro este parte de guerra, no se conoce quién ha sido al fin elegido para el manejo del timón de la nave, pero fuere quien fuere, le espera un trabajo que ni los de Hércules. ¡Suerte, vista y al toro, don Santos!

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