| Crónica | Sillón 28 |
La dieta del cura de aldea
Las reivindicaciones de los vecinos del Ejido se equilibraron con el apoyo al equipo de gobierno de miembros de Nuevas Generaciones, en un Pleno encendido de tono en el que arreciaron los gritos de «León solo ¡ya!»

Los vecinos del Ejido mostraron su rechazo a la reurbanización
Hay una propuesta sobre la mesa del Ayuntamiento para incluir los plenos dentro de la programación del Musac. Los viernes de final de mes, los veintisiete ediles se sentarán en una de las salas del museo y el resto de la obra se escribirá de forma improvisada: performances de protestas en las que cada persona es una cartulina, como la realizada por los vecinos del Ejido; pancartismo al más puro estilo cine español, como el de los reivindicantes de la autonomía para León ¡ya!; o duelos abiertos, de los de a la salida de clase te espero en el prado de enfrente , como el de Amilivia y Fernández El viceportavoz socialista, Ibán García del Blanco, ya le vio ayer la vena artística al evento. «Disneylandia es de cartón piedra, pero en el Ejido vive gente», le explicó a la concejala de Urbanismo, que sentó las bases del futuro concurso de «calles más bonitas de la ciudad» con su candidatura para José María Fernández. Una propuesta que recibió el voto contrario de los moradores de las casas de la avenida y su entorno, que tuvieron que esperar en las escaleras del Palacio de los Guzmanes hasta que empezó el Pleno porque, según les aseguraron, «la galería puede ceder». Eran muchos, más que los que movilizó el equipo de gobierno dentro de las filas de Nuevas Generaciones, con los que rivalizaron en el aplausómetro. Hablaba el PSOE o la UPL, aplaudía el colectivo del Ejido; actuaba el PP, se encendían las palmas de las manos de los cachorros populares. Con un número de móvil, se podía haber armado en un momento una Operación Triunfo, en la que los manifestantes leonesistas tenían preparada aquella de «Autonomía / País Leonés». Faltaban los de la plataforma de las antenas, habituales este mandato, pero apareció Evelia después de un par de ausencias para tranquilizar a la concurrencia. Menos mal que Rodríguez de Francisco templó el ambiente con la máxima de que «el odio no lo justifica todo». «Yo no los odio, soy incapaz», les dirigió a los socialistas, después de haber prendido la cizaña con el tema de La Lastra e intentado firmar una epístola al estilo Jiménez Losantos sobre Conde-Pumpido y los presos etarras. Le cortó el alcalde, mientras la edil del PSOE Natalia Rodríguez Picallo describía que, a su grupo, el concejal no adscrito le provoca «indiferencia» y que «es fácil contestarle porque tiene poquitas ideas». La que le persigue desde «hace 23 años y un mes» se la recordó el portavoz de la UPL. «Me alegro de que se presente la moción de segregar León de Castilla porque así puedo hablar con Chamorro», concilió, ante la cara de sorpresa del que durante años fuera su ahijado político. Un abrazo (Nota: es una metáfora) que arrulló un debate sobre los deseos de abandono del «yugo castellano», en el que Saurina alarmó sobre los riesgos de que «podemos acabar siendo castellanos» y Amilivia incidió en que es leonés y no se siente de la patria de los comuneros. «Yo nunca me he sentido castellana», relataba por si las moscas una señora con canas. Y entre que Chamorro ilustraba con el hecho de que «las mentiras son afirmaciones no confirmadas» y que De Francisco hacía uso del diccionario para disertar sobre que «la enjundia son las vísceras de los pollos», el montañés que estaba cerca de la puerta sacó el libro de recetas de entre los pucheros para analizar la situación de pre-campaña (el prefijo es opcional). «Aquí presta la dieta del cura de aldea: unos días toca pan y otros días tocan hostias».