Critica duramente a «los que avivan recuerdos superados desde 1978»
El obispo arremete contra los 700 abortos y los matrimonios de gais
Monseñor López Martín va más allá de lo diocesano y opina por primera vez de la política

Julián López, en una conferencia sobre la clausura del Vaticano II
«El panorama es oscuro». El obispo de León, Julián López Martín, en una carta dirigida a los diocesanos con motivo de la Cuaresma que se inicia mañana, llama a la reflexión ante «la situación de grave deterioro de los varoles morales en la España de hoy». En un tono que con el tiempo va ganando en peso crítico, monseñor López Martín arremete en su misiva contra «los 700 abortos» practicados a leonesas cada año y contra los que festejan «como un logro social el indebidamente llamado matrimonio entre personas del mismo sexo». Para el prelado de la Diócesis de León, las próximas semanas deberían invitar a la meditación. Sin embargo, lejos de contemporizar, sus palabras tienen un alcance que va más allá de lo exclusivamente diocesano. Es la primera vez que este periódico recuerda un trasfondo político en las palabras del obispo. «Se percibe una continua crispación en relación con la vida pública, se producen enfrentamientos en el campo político que llegan a la censura de las personas». Y va aún más lejos: «Se avivan viejos recuerdos que se creían superados en el clima de consenso y de reconciliación desde 1978, se manifiesta desconfianza y rechazo hacia la religión católica y se constatan los resultados de una legislación que está dañando seriamente los fundamentos de la familia y del respeto a la vida humana». Monseñor López Martín muestra su especial preocupación por el aumento de las rupturas matrimoniales, la violencia doméstica, las lesiones, los hurtos, los daños contra la propiedad y el medio ambiente y la delincuencia protagonizada por menores de edad. Laicismo radical y excluyente Según el obispo, «para nadie es un secreto» que existe un proyecto de configurar la vida familiar y social, la educación, la cultura y la comunicación de acuerdo con un «laicismo radical y excluyente» del hecho religioso cristiano, «acusando incluso a la Iglesia Católica de alinearse con posiciones de determinados partidos políticos». «No es posible ni recomendable cerrar los ojos a esta realidad, como si no nos afectara», sentencia. Sin disimulo Junto a «la preocupación por el cambio climático», el prelado propone un esfuerzo por evitar el deterioro de los valores morales y espirituales e invita a los fieles a vivir de acuerdo a sus convicciones religiosas, «reivindicando el derecho y la libertad de dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza, sin privilegios ni discriminaciones, con transparencia y sin disimulo». Para el obispo, el itinerario cuaresmal, domingo tras domingo, «invita a cooperar con la gracia divina para dar muerte al hombre corrupto que aún actúa sobre nosotros». «La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar la propia conversión [...]. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, de alejarnos de todo aquello que nos aparta de nuestra felicidad personal y en cuanto ciudadanos de este mundo», concluye. «La Cuaresma debe ser una oportunidad para reflexionar sobre el grave deterioro de los valores morales en la España de hoy»