Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Donde dije digo, digo Diego

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VICTORIANO CRÉMER
León

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YO NO DIRÉ NUNCA JAMÁS que nuestros hombres y mujeres dedicados por afición o por devoción a la política local, provincial o europea, sean sabios por su propia condición. Pero como de sabios es cambiar de opinión, ha de concederse a estos preclaros representantes de la opinión pública matrícula de honor y título de sabios hasta que la muerte o las elecciones les separen del cargo, que es como morir teresiano. El estado actual del común de vecinos de estas villas, valles y cañadas, es que en León, concretamente, por no ir más lejos, no sabemos todavía a estas alturas y con lo que ha llovido, quien coña ha ganado las elecciones para la Junta, para la Diputación, para el Ayuntamiento y para la Asociación de ancianos desamparados. El caso es que al principio o sea en caliente, se aseguró que la Diputación le había sido arrebatada al PP y que ello había elevado la fiebre de la candidata doña Isabel Carrasco, que ya había hecho las maletas. Se habló de que el diputado señor Llorente, del Partido Socialista absolutamente unificado, podría ascender al cargo supremo, con lo cual ganarían los pueblos agricultores y ganaderos. Y cuando todos -unos más que otros- estábamos tan contentos o tan disgustados, se produce un vendaval de nueva crianza en los centros técnicos encargados de controlar los votos emitidos, uno por uno y -¡oh milagero!- se descubre que ha habido un error contable, informático y que donde ponía Digo, debiera leerse Diego, o si se quiere Isabel Carrasco. Y el movimiento de estupefacción fue de tal naturaleza y densidad, que hizo temer el desplome de la Catedral cuando menos. Por cuarta vez el Partido Popular, felizmente reinante en Valladolid, aunque ligeramente derrotado en la acera de Botines o si se prefiere en la Plaza de San Marcelo (de próxima reforma si el tiempo y don Paco no lo impiden), decíamos que por cuarta vez los populares toman posesión de sus fincas rústicas en la Diputación y se disponen a no dejar que Paco venga con las rebajas. La provincia continuará estando bajo la tutela de quien lo estuvo durante los últimos trimestres. De lo que se deduce, que el que se fía de la tecnocracia, de la informática y del Inteco, se queda de cuadra. Y volverán las oscuras golondrinas como lo demuestra el anuncio irrebatible de doña Isabel cuando, ante las dudas de alguno de sus afectos, respondió: «Por supuesto que voy a ser presidenta de la Diputación Provincial». No recordamos bien pero nos parece que es o será ésta la primera vez que una mujer, una señora bragada se hace cargo de la presidencia provincial. Solamente nos corresponde pedir suerte, vista y al toro que sin duda le será echado así que despliegue el capotillo de brega. ¿Y para este final confundidor se nos aconseja la técnica, el Internet y todas las gaitas puestas al pie de los actos electorales? Atengamos nuestro comportamiento a aquel consejo de Anatole France: «Entonces, como no estudiaba nada, aprendía mucho»¿

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