El viento los privó de rozar el cielo
«Es mejor de lo que la había idealizado», dice Biagio. «Este chico está muy loco», comenta Leire. El tiempo escribirá el final

Leire y Biagio se besan delante del globo con el que pensaban viajar por el cielo de León
¿Triunfó el amor?. Triunfó la perseverancia, la ilusión por conseguir un objetivo, la aventura y el optimismo. No está nada mal ¿no?. Si llega el amor, el tiempo lo dirá. «Este chico está muy loco», decía Leire, una joven bilbaína de 18 años, estudiante de Biología, que ayer no daba crédito a la frenética aventura emprendida por Biagio Carroccia, para encontrar a la que todavía ayer consideraba el amor de su vida. Este joven malagueño, de 27 años, ha removido cielo y tierra para localizar a una mujer rubia, de cautivadora sonrisa, con la que se cruzó casualmente el 1 de febrero frente a la Catedral. Carroccia, de peregrinaje a Santiago de Compostela, le preguntó por San Isidoro y ella le indicó el camino. Desde entonces, no vio más monumento que el que su memoria recordaba: «Llevo dieciséis días sin dormir, la he tenido idealizada, pero tengo que decir que la realidad es muy superior a lo que yo imaginaba de ella», decía ayer este peregrino después de cenar con su amor y pasar sus primeras horas juntos. Los curiosos se arremolinaban alrededor del campo de fútbol en la Universidad, los niños de un colegio cercano coreaban consignas de apoyo a la pareja, cámaras de televisión, emisoras de radio y prensa esperaban el anunciado regalo: un viaje en globo. Allí estaba la pareja, paseando, atendiendo a la prensa, besándose a petición de los asistentes para la fotografía. Él estaba feliz. Ella, algo tímida, no quiso desvelar sus sentimientos aunque reconoció que se lo estaba pasando muy bien y que el chico era simpático. «Estaba aislada en la residencia, estudiando, estresada porque es época de exámenes. Y ahora me encuentro con ésto, que no me esperaba», decía Leire con sonrisa nerviosa. «Nunca he montado en globo», dijo, y todavía tendrá que esperar unos días. El viento impidió que la pareja rozara el cielo. «No importa, este vuelo se hará», repetía el peregrino una y otra vez sin perder el optimismo que le ha acompañado en esta aventura. «Ahora me voy a Finisterre»-dijo Carroccia- «pero volveré en cuatro días y este vuelo lo hacemos». Ella callaba y miraba al joven sorprendida. «Mi familia me ha dicho que tenga cuidado, pero están contentos», comentó, «fue mi amiga Sara la que avisó a Biagio de que conocía a la chica que buscaba». Leire recuerda el día 13 como uno de los más excitantes de su vida. «Recorrimos todos los kioscos al mediodía para comprar el Diario de León y leer la noticia, pero no pudimos conseguirlo porque estaban cerrados. Entonces entramos en Internet. Estaba claro que me buscaba a mí. Sara, mi amiga, me cogió una foto y se plantó con otras compañeras en la estación de autobuses. Me llamaron y todo ha ido muy rápido». -En tu conversación de cinco minutos con Biagio que ha trastocado su corazón, ¿sentiste algo parecido a lo que experimentó él? -No lo recuerdo. El tiempo escribirá el final de esta historia.