Sindicalistas colombianos
«Se nos acusa de acusar»
Los sindicalistas que defienden los derechos de los trabajadores en Colombia están amenazados de muerte. Dos de ellos cuentan en León su dramática experiencia
Antonio Gerdts y David Contreras, ayer, durante la entrevista realizada en el Diario de León
En los últimos veinte años han muerto en Colombia 2.000 sindicalistas. Antonio Gerdts es presidente del sindicato de la salud del departamento de Nariño y director del departamento de derechos humanos de la Central Unitaria de Trabajadores Cut Nariño. David Contreras pertenece al sindicato financiero en Santander (Colombia). Son dos sindicalistas refugiados temporalmente en España. De la mano de Amnistía Internacional , UGT y CC.OO. cuentan su dramática experiencia que les ha obligado a salir de su país tras estar amenazados de muerte, después de enfrentarse a intentos de asesinato y secuestros. Permanecen en un refugio temporal en Asturias y piden a los gobiernos europeos que exijan al Gobierno colombiano una paz social en su país. Denuncian que existe una estrecha relación entre los grupos militares que atentan contra los sindicalistas, el alto mando del Ejército colombiano y el Gobierno presidido por Uribe. -¿De qué les acusan? -Responde Gerdts-. Se nos acusa de acusar. Acusamos la política neoliberar de privatizaciones de hospitales y recorte de personal, donde consiguieron recursos para indemnizar a los trabajadores en vez de fortalecer económicamente las instituciones y mejorar las condiciones de las prestaciones de los servicios. Hemos denunciado con nombres propios a los corruptos que han desviado los recursos de la salud a otros menesteres. Nos hemos opuesto a la vulneración de los derechos humanos de los trabajadores. También denunciamos la vulneración de los derechos individuales de los usuarios. El Gobierno prioriza el dinero antes que la vida. Por denunciar estos hechos hemos sido perseguidos, porque hablamos por los que no tienen voz. Esperamos que a través de las denuncias, tengamos un espacio para poder seguir viviendo y haciendo llamadas en las organizaciones de los derechos humanos para que se haga un seguimiento no de los muertos, sino de los vivos. Creemos que los gobiernos europeos debería exigir al Gobierno colombiano, que recibe ayudas de la Unión Europea, que trabaje la paz social, que los recursos no sean invertidos para la guerra, sino para fortalecer los sistemas sociales, la salud, la educación, la vivienda y el agua potable, lo cual va a generar empleo. -Dice que señaló con nombres y apellidos a los que dedican el dinero a otros menesteres. ¿Son los mismos que le pusieron las bombas en su casa? -Nosotros no tenemos claridad en la investigación. La Fiscalía no nos han dicho: éstos son los que han atentado contra ustedes, los que les hacen los seguimientos. Siempre hay una impunidad en la investigación, no hay una claridad en la respuesta en la denuncia. Pero nos sacan en unas listas de los paramilitares, los Águilas Negras, donde nos manifiestan que o nos vamos o nos matan. Son sicarios que dicen, ¿cuánto me pagas y a quién hay que matar?. En último informe que saca Amnistía Internacional está mi nombre. -¿No tienen apoyos en Colombia? -El Gobierno nos pone escoltas, pero es esa misma seguridad la que nos hace el seguimiento. Pero hacen un supuesto estudio de revaluación -que nunca me hicieron- y si consideran que el riesgo ha bajado te quitan la seguridad, entonces ten por seguro de que te van a matar. El Estado se cura en salud y dice, yo le presté seguridad, pero su nivel de riesgo bajó y se le suspende el escolta. Pero mi situación no ha cambiado, al contrario, empeora. Yo fui candidato a la Cámara de Representantes y el periodista que hizo seguimiento de mi campaña está desaparecido. -¿Cuándo y cómo se producirá el regreso? -En el refugio temporal en el que estoy en Asturias puedo estar seis meses, tendría que regresar en octubre. El regreso es complicado. Yo tuve que escoger entre vivir y morir o trabajar y quedar desempleado y elegí vivir y quedar desempleado porque el gobierno no me dio permiso sindical y ahora se me abre un proceso disciplinario por abandono de cargo. Ahora regreso con mayor gravedad de riesgo, sin trabajo. Si el Gobierno me garantizara un espacio de seguridad y laboral no tendría que estar en este momento tratando de buscar una situación de refugiado, que es lo que estamos buscando para poder seguir trabajando hasta que se den las condiciones para regresar. -¿Ha dejado familia? -Tengo esposa, niños y mi mamá depende de mi. Cuando ya no lo ven a uno entonces empiezan a atacar a la familia. -¿Cuáles son las dificultades del sindicalismo financiero? -Responde David Contreras-Las reformas en el sector financiero ha sido cerrar bancos, que perjudican al sector campesino, como el Banco Agrario, que ayudó a adquirir la vivienda y los trabajadores se les niega el derecho al trabajo porque son despedidos. Hay otros bancos que se han entregado a las grandes multinacionales. Yo estaba trabajando el Banco Cafetero, que prestó servicios por siempre al sector cafetero y el Gobierno liquida el banco de palabra porque a día de hoy no se ha liquidado. A mí me despiden en el 2007 y a los quince días fue amenazado de muerte por la Águilas Negras. Creé una liga de usuarios del sector financiero para organizar a los campesinos, a los que le quitaron el Banco Central Hipotecario y los pasaron a un banco privado para poder quitarles las viviendas, porque les subieron las tasas que tenían que pagar. Siendo presidente del sector sindical, era mi obligación denunciar los hechos de que los bancos estaban atropellando los derechos de los usuarios, dando altos créditos para luego apoderarse de tierras y fincas para adquirir créditos en otros bancos supuestamente liquidados. Yo no pude quedarme callado. Intentaron secuestrar a mi hijo en el 2003, pero los vecinos lo impidieron. Yo también sufrí un intento de secuestro en el 2004 delante de mis hijos y esposa. Pude escaparme, pero esa misma noche me amenazaron y me dijeron que tenía que salir de la ciudad. Corrieron el rumor de que yo pertenecía a las guerrillas de Colombia. Me violaron el derecho al trabajo porque me hacían cumplir mi jornada laboral sentado en una silla fuera de las oficinas y no me dejaban ir al servicio, de tal manera que si salía al baño me podían despedir por abandonar mi puesto. Me violaron el derecho al trabajo, el derecho a la vida y el derecho a estar con mi familia. Me acusaron de dar información a las guerrillas colombianas. -¿Cuál es el futuro de la izquierda y el sindicalismo colombiano? -Hay un panorama fuerte. El Pueblo Democrático se ha convertido en una causa política de segundo nivel en Colombia. Hay un futuro y esperamos que dentro de dos años que hay elecciones en Colombia se pueda llegar a acceder al poder. Creemos que hay unas políticas de cambio y de aplicar una democracia participativa, que no se violen los derechos de las personas, ni el derecho a la sindicación, para que las cooperativas no exploten a los trabajadores. Hay unos buenos vientos. El sindicalismo colombiano no hace concesiones con el Gobierno de Uribe.