El juez cree que las jóvenes no se defendieron «pensando que era un simple robo sin más»
El psicópata que asesinó a las dos policías leonesas estará 40 años en prisión
La legislación impide que cumpla los 83 años de la pena pero prohíbe concederle permisos
La sección sexta de la Audiencia Provincial de Barcelona condenó ayer a 83 años de prisión a Pedro Jiménez tras considerarlo culpable de la muerte de dos policías leonesas en prácticas en L'Hospitalet de Llobregat hace ahora cuatro años. El fallo recoge la existencia de dos delitos de asesinato con alevosía, un delito de agresión sexual, otro de allanamiento de morada, uno de robo con violencia, otro de robo con fuerza, uno más de incendio, un delito de profanación de cadáver y un quebrantamiento de condena. No obstante, el Código Penal establece que el reo solamente deberá cumplir un máximo de 40 años de reclusión, si bien el texto de la sentencia especifica que se prohiben los permisos penitenciarios de ningún tipo. El apartado de hechos probados de la sentencia, a la que ha tenido acceso Diario de León, establece que alrededor de las 6.00 de la madrugada, el autor del crimen siguió a Silvia Nogaledo, de Noceda del Bierzo hasta el piso en el que vivía en el barrio de Bellvitge, la intimidó con una navaja y consiguió introducirse en su piso «en circunstancias no probadas» cuando la joven regresaba de cubrir el turno de noche. Ya dentro de la vivienda se percató de la presencia de Aurora Rodríguez, la joven de Toral de los Guzmanes. Entonces amordazó y ató a las dos muchachas, «utilizando prendas de ropa y una cuerda de tender la ropa que halló en un ovillo», según explica el Magistrado en la sentencia. Muertas en el acto El criminal violó y posteriormente propinó cuatro puñaladas en la espalda a Aurora para acabar con su vida, y otras nueve más a Silvia, que le causaron la muerte en el acto, aunque no se sabe si antes o después que a su compañera. De la catadura del individuo en cuestión da idea el hecho de que ya muertas las jóvenes, rasgó el pantalón y la ropa interior de Silvia y le introdujo un vibrador en el ano «que dejó allí clavado», dice la sentencia. A continuación prendió fuego a un sillón y al sofá del comedor, al colchón sobre el que yacía el cadáver de Silvia, al colchón y a un montón de ropa junto a los restos de Aurora. Con el fuego ya iniciado, el criminal abandonó el inmueble y tomó el metro para dirigirse a la Plaza de España de Barcelona. Por la noche, el procesado trató de usar las tarjetas de crédito de Aurora, pero al no conocer el número secreto, no pudo lograr su objetivo. No regresó a la cárcel de Can Brians, donde disfrutaba de un permiso penitenciario. Se refugió en el domicilio de Mustafá K. un musulmán residente en Girona, al que después trató de inculpar de los hechos sin pruebas. Cree el juez que las jóvenes trataron de mantener la calma siguiendo las técnicas aprendidas en la academia «pensando que el móvil del ataque era exclusivamente el robo». Para el Magistrado, incluso es probable que una de las víctimas atara a la otra a la cama a instancias del condenado. «Cuando quisieron darse cuenta de lo que se les venía encima, posiblemente durante la violación a María Aurora, ya estaban maniatadas y amordazadas». El fallo impone también a una indemnización por valor de 300.000 euros para los padres de las víctimas, 60.000 euros para cada hermano y 30.000 euros para los novios de cada una de ellas.