El ministerio aprovecha la actuación para poner quitamiedos que minimicen el impacto de las motos
El Gobierno gasta 2,5 millones en reparar la ronda Sur seis años después de abrirla
El arreglo supone casi el 10% de los veinte millones que costó construir la carretera
La primera fase de la ronda Sur, entre el Alto del Portillo y Antibióticos, recuperará en los próximos meses el aspecto que presentaba en septiembre del 2002, fecha en la que entró en servicio. El Ministerio de Fomento gastará 2,5 millones de euros - 2.556.02-, casi el 10% de los veinte que costó construirla, en adecentar la carretera, hoy con sus cuatro kilómetros de recorrido plagados de baches, badenes y grietas que hacen de ella una circunvalación peligrosa. El Gobierno adjudicó ayer el contrato de rehabilitación del primer tramo de la LE-30 a la empresa Obras Caminos y Asfaltos, encargada desde ahora en «aumentar la seguridad vial y la comodidad de los usuarios» a través de un «fresado previo y reposición posterior del firme en las zonas más agotadas», así como de un recrecido generalizado en todo el vial, muy castigado a pesar de contar con sólo seis años de uso. La concesionaria será también la responsable de la regularización de la rasante, «con un espesor medio específico», y de sellar los quince mil metros cuadrados de la infraestructura que muestran daños. La empresa deberá, además, adecuar casi 160 metros de cunetas de medianas y reformar las estructuras mediante la renovación de las juntas de dilatación. El departamento dirigido por Magdalena Álvarez aprovechará la actuación para instalar en los flancos de la ronda Sur balizas cilíndricas y recrecido de 20.704 metros de barreras de seguridad metálicas con postes tubulares, concebidos para evitar las fatídicas consecuencias de un choque entre el quitamiedos y un motorista. Una más en el haber Un proyecto demandado por la situación actual que presenta esta carretera, muy deteriorada y con serias deficiencias para su uso cotidiano, más aún cuando son casi 18.000 los usuarios que cada día dejan atrás alguno de los tramos de la LE-30, que muere a la entrada de la AP-66 (León-Campomanes). Los arreglos que llegan ahora no son los únicos que ha tenido que soportar la infraestructura. Las prisas por abrirla al tráfico al compás que marcaban los ritmos del entonces ministro de Fomento, el asturiano Francisco Álvarez Cascos, jugaron en contra de los leoneses, quienes han sufrido desde aquel día las imperfecciones de ese momento. Sólo seis meses después de ponerla en servicio, la que resultó adjudicataria de la obra -Puentes y Calzadas- tuvo que asegurar la mayoría de terraplenes, localizados en una zona de humedales cercana a donde confluyen los ríos Torío y Bernesga. A los veinte millones de euros que supuso la inversión para realizar esta carretera hubo que sumar otros 150.000 euros en subsanar la inestabilidad de los taludes.