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«Nos ven como extraños»

Los emigrantes retornados reivindican el mismo trato administrativo y social que el resto de los españoles. Luchan por adaptarse en su propio país del que han olvidado las costumbres

Isabel Cantón, presidenta del Centro Unesco de Castilla y León, Pedro García y Gonzalo Serrano

León

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«Cuando volví lo encontré todo igual, pero camuflado». Así define Gonzalo Serrano su experiencia de retorno desde Suiza, país al que emigró en el año 1969, con sólo dieciocho años. «Lo hice fundamentalmente para librarme de la mili». Cuatro mil emigrantes leoneses han vuelto a su tierra en la última década. El Centro Unesco de catilla y León ha organizado unas jornadas en la Facultad de Educación para dar a conocer la experiencia de los emigrantes retornados. Si la partida no fue fácil, el regreso está resultando peor. A la oposición familiar se sumó la soledad de los primeros días en un país extraño, «no es lo mismo ir de vacaciones que quedarte a vivir en un país que no es el tuyo». Este vallisoletano llegó a Suiza con un contrato de trabajo en una fábrica de textil a tres turnos, «trabajé año y medio en esa fábrica, luego me fui integrando a las costumbres del pueblo suizo y progresé, creo que si no me hubiese ido no podría haber progresado tanto en España», asegura. Pero tuvo que pagar un precio. «Mi llegada fue muy triste, mis padres no aceptaron que me fuera y los primeros años las relaciones fueron distantes, además allí me sentía solo, sin apoyos». Pero salió adelante. Se casó y crió a dos hijas, que ahora están viviendo en Suiza. Con su compañera actual y otros dos hijos emprendió el viaje de vuelta en el 2004. «Cuando vienes de vacaciones son todo flores, pero cuando te quedas las cosas son diferentes. La gente de tu tierra te ve como un extraño, somos peor tratados que los españoles. Estuve a punto de tirar la toalla y volver a Suiza», afirma. No entiende que tenga que pagar 85 euros por disponer de una tarjeta sanitaria, cuando los inmigrantes tienen asistencia gratuita. «Cuando volví encontré mucho desorden. En Suiza todo es más ordenado, vas a una ventanilla y te arreglan los problemas, aquí es todo más complicado. Incluso me costó acostumbrarme a entrar a los bares y pisar toda la basura en el suelo, allí hay más respeto de todos por todos y por las cosas».

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