OPINIÓN | NURIA GONZÁLEZ
Bolonia y su filón
Nunca tuvo suficiente consistencia y casi se ha desvanecido. El movimiento contra el Plan Bolonia se ha desinflado como un globo. Sólo unos pocos, muy pocos, protestan porque el resto parece estar de acuerdo con lo que, a priori, es una reforma universitaria que dará más oportunidades y más nivel europeo a las carreras universitarias.
Fueron estos pocos, que integran la Asamblea Contra Bolonia de la Universidad de León, los que irrumpieron ayer en el salón de actos de la Escuela de Industriales como un elefante en una cacharrería. Entraron gritando consignas contra Bolonia y el rector; interrumpieron la intervención de Hermida, que inauguraba en ese momento unas jornadas sobre nuevas estrategias ante Bolonia a las que asistía un centenar de personas; hicieron caso omiso a la petición del rector de abandonar la sala o sentarse a escuchar; y se tomaron la libertad de leer una carta en la que plasmaron sus reivindicaciones que pasan por paralizar la implantación del Plan Bolonia. Una petición sin sentido por dos razones. La primera, porque el rector no tiene ninguna capacidad de paralizar este proceso ya que viene impuesto desde hace ocho años. Y la segunda, porque seríamos la única universidad de Europa que se quedaría atrás. Claro que, entre líneas, aparece el motivo de la indignación estudiantil: los alumnos tendrán que dedicar más horas a estudiar y esto no está bien visto.
Antes de que esto sucediera, el grupo de manifestantes recibió con pitos y abucheos al rector a su llegada a la Escuela de Industriales. Vigilados por la policía nacional, decidieron hacer que se marchaban para que los agentes se retiraran y poder entrar como lo hicieron en el centro. Las opiniones pueden ser muy diversas pero nunca están justificadas actitudes de este tipo que dañan la imagen no sólo de la ULE sino de sus universitarios.