Diario de León

OPINIÓN | MARÍA JESÚS MUÑIZ

El hambre de los sentidos

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MARÍA JESÚS MUÑIZ
León

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Durante mucho tiempo Carlos nos dio de comer y nos quitó el hambre. Pero no el de la barriga. El de los sentidos y las sensaciones. El de los sentimientos. Mucho charlamos sobre esto. Sobre la nueva cocina. Sobre los grandes platos. Sobre los platos grandes. Sobre el gusto que tiene vía directa con el espíritu. Sobre cuántas recetas debía incluir un pequeño bocado de alta cocina.

Carlos abrió su mundo de sensaciones en un ambiente acostumbrado a saciarse en general, y no cejó en su empeño de defender el matiz de la plenitud de lo muy particular. Todo ello bien adobado (como corresponde a esta tierra) con una generosidad infinita. En el saber. En el compartir. En el enseñar.

Porque Cidón fue un maestro. Maestro de empresarios y perseguidores de sueños, porque creía con vehemencia en lo que hacía. Y maestro en el darse plenamente en cada uno de los cursos que organizaba para los aficionados a los fogones, gañanes del puchero en su impoluta cocina; aprendices de matices infinitos incapaces de distinguir a priori una juliana de un brunoise . No había recetas secretas. Todo debía compartirse.

Y el compartir es al fin un viaje de ida y vuelta. Uno da, y al cabo acaba recibiendo. La estrella de la cocina leonesa dio mucho. ¿Cómo recibirlo ahora? Carlos Domíguez, Cidón en los fogones, vivió intensamente. Y supo transmitir, sobre todo, esa intensidad. Mucho le debe esta tierra lastimera, incapaz muchas veces de reconocer lo que pare de bueno. Los que venían de fuera lo sabían bien. Hoy deja una herencia de grandes sueños en grandes platos, en condensadas recetas.

Carlos fue un gran cocinero, y sobre todo un gran hombre. Se ha ido demasiado pronto, pero ha dejado tanto camino abierto-¦ Alguien dijo que sólo está de vuelta de todo el que nunca ha ido a ninguna parte. Carlos sigue hoy su viaje. Siempre de ida.

Buen provecho, maestro.

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