Diario de León

Reportaje | roberto merino

Desde León a la misión

Los evangelizadores se han reunido en el Seminario Diocesano con motivo de la XXI convivencia de misioneros

Los misioneros vienen desde países variopintos.

Los misioneros vienen desde países variopintos.

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León

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Un misionero no decide dónde vivir, pero sí que es el dueño de cómo discurrirá su curso vital. Los lugares de destino, aún estando repartidos por todo el globo, comparten una misma matriz: necesitan personas dispuestas a ayudar. Ellos asumen que no forman parte de la tribu de cooperantes internacionales que dispensan su ayuda por temporadas. Su vida se construyó en base al sentido de la responsabilidad, la ilusión por ayudar a los más humildes y el ímpetu evangelizador. Así hasta terminar por formar parte del lugar en que el destino les coloca.

Actualmente, según la Delegación de Misiones, hay casi seiscientos evangelizadores leoneses repartidos por todo el planeta. Ayer mismo tuvo lugar la XXI convivencia de misioneros leoneses, celebrada en el Seminario diocesano de la capital.

Amparo Borrás Fernández, oriunda de Villibañe, estuvo moviéndose por distintos territorios de la geografía peninsular hasta desembocar en territorio mexicano hace ahora cinco años. «No echo de menos León. Le guardo un gran cariño pero mi sitio está en México», afirma Amparo, que con sesenta y un años se siente cargada de energía para seguir colaborando en la causa evangelizadora. Asegura que en México está su destino y se siente muy orgullosa de poder colaborar.

Pablo Martín García, evangelizador de Secos del Porma, tiene 73 años y está ubicado actualmente en el territorio peruano de Cajamarca, su vida está ligada indisolublemente a las misiones. «Estuve viviendo cincuenta y un años en Chile y ahora me han destinado a 2.750 metros sobre el nivel del mar», afirma Pablo, quien además asegura que no le afecta el cambio de lugar porque él sigue impartiendo clases a los alumnos, como siempre ha venido haciendo.

Amancio Rodríguez Pastrana habla con acento mexicano. «Llevo allí poquito tiempo, 79 años solamente», mientras habla sonríe. Amancio nació en Gordaliza del Campo hace 89 años, pero pisó el suelo de los antiguos mayas en 1940. Ha recorrido la geografía mexicana desde Guadalajara hasta Aguas Calientes y terminó por fundar el colegio de Mochis Sinaloa, un lugar cargado de conflictos sociales donde la juventud tiene difícil camino para salir adelante. «El problema es muy serio. Desde chicos, en la puertas de las escuelas, se está comercializando con drogas. Es habitual que en la provincia se den varios muertos a diario», asegura Amancio.

En la escuela que él mismo fundó se imparten todos los niveles, y la población, asegura el misionero, mira al futuro con ciertos aires de optimismo.

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