Reportaje | l. urdiales
Dos horas por ocho meses
La lluvia daña el campo, asfixiado desde hace más de medio año por la sequía
Los extremos se tocan en León; ocho meses sin lluvia, ocho meses de recato y recorte de producción para malgastar más aún al sector agrario leonés. Ocho meses de amenazas infructuosas de borrasca, con la tierra yerma y la simiente de invierno a la espera de la oportunidad que sólo puede dar la lluvia. Y en dos horas, cincuenta litros. La descarga no deja de ser un golpe de euforia para el sector agrícola leonés, sobre todo áquel que tiene asentado el negocio en el área de secano y que acaba de sufrir los registros más pobres en cuanto a rendimientos entre tanta primavera seca y tanta canícula a la hora de la espiga. Aunque otros se han encontrado con consecuencias. La precipitación que asomó ayer por la mañana a la provincia leonesa descargó también en forma de pedrisco, y dejó señales notables en los campos de remolacha y de maíz, en tono ya maduro, del tercio sur de la provincia. Hubo zonas en las que a la sacudida de piedra le siguió una tromba de agua que durante dos horas apagó la sed de la tierra a la vez que saturaba aliviaderos, alcantarillas, cunetas y sumideros. Los mismos cultivos quedaron anegados por la lluvia copiosa. Cincuenta litros por metros cuadrado merecían otra entrega. El coste del regadío se enjugará a medida que en las próximas horas la situación de anticiclón contribuya contra el empacho de agua que corre por los cultivos remolacheros del Esla, también agujereados por el pedrisco. La cosecha del maíz se retrasará, aunque los precios de este producto ya eran suficiente motivo para dilatar la operación. Y puede que los riegos extraordinarios que ha previsto la CHD para las zonas remolacheras leonesas —ese agua por compasión que se ha programado para diversas zonas del Páramo y desde el esquilmado embalse del Luna— pierdan relevancia ante la generosidad de la climatología. De masiado tarde para acabar con las consecuencias de ocho meses mirando al cielo.