Crónica | miguel ángel zamora
Mimos en el Palacio de los Momos
Apenas había amanecido ayer cuando Susana pasó por el mismo punto fatídico de la León-Benavente en el que su marido perdió la vida. Él sólo quería cumplir con su deber un mediodía caluroso de julio del 2007. A ella le hubiera gustado pensar que de entre la bruma gélida que presidió su trayecto de traslado hasta Zamora iba a aparecer por algún lado el final de la pesadilla que vive desde hace 28 meses.
Pero no. Porque el mínimo consuelo que le habría quedado, escuchar que Miguel Ángel no sufrió en el accidente y murió en el acto, no lo pudo oír en persona en la sala, incapaz de aguantar el relato de los forenses, ante la crudeza en el relato de las lesiones que presentaba el cadáver.
La viuda aguantó impasible el primer encuentro cara a cara con el responsable de la muerte de su marido. Vestida de oscuro y con la alianza plateada en el dedo corazón izquierdo, sólo se le escaparon lágrimas furtivas durante la fase de las conclusiones. Apenas necesitó un par de caramelos para soportar las casi seis horas que duró la vista oral.
«Llevo sólo ocho años en León, pero ya soy más cazurra que vosotros. No me vais a sacar de aquí, estoy fuerte para escucharlo todo», espetó la catalana a los numerosos agentes leoneses de la Guardia Civil que acudieron a acompañarla y a persuadirla. Y a consolarla cuando víctima de la tensión contenida, reventó de nervios en el momento en el que terminó el juicio y el procesado pasó apenas a baldosa y media del sitio en el que se encontraba.
En el Palacio de los Momos, la sede de la Audiencia Provincial de Zamora, también hubo sitio para los mimos. Y para el recuerdo de una buena persona...