Diario de León

Reportaje | A. CABALLERO

Madres con clausura

La ciudad cumple con la advocación a la Inmaculada adquirida en año 1656

La corporación salió desde el consistorio para ir a misa

La corporación salió desde el consistorio para ir a misa

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«Desde el año 40 llevo aquí, cuando cumplí los 18 años», musita una de las madres con recogimiento, tras la reja, mientras al otro lado se sucede el ajetreo de concejales y feligreses que acompañan a la delegación consistorial: muestra del mantenimiento de la advocación a la Purísima iniciado por el Ayuntamiento en 1656, cuando se reforzó el acuerdo de 1621 por el que León se consagraba a la defensa del inmaculismo. Hoy, casi cinco siglos después, el convento de la Inmaculada Concepción que fundara Leonor de Quiñones, hija del primer Conde de Luna, no llega a la docena de almas.

Once hermanas, entre las que sobresale la toca blanca inmaculada de una novicia, casi la única de la última década. Le queda un año para los primeros votos, que se prolongan por tres años; luego, debe decidir «si se queda dentro o sale ahí afuera», apunta otra de las jóvenes: una colombiana risueña, que pone la nota exótica, junto a otra compatriota y el cura panameño que ofició la misa, a una clausura que se asentó en la ciudad en 1515.

Un monasterio en el que el racimo de hermanas laboriosas, cuya «misión principal es la oración», se levantan a las 06.15 horas, trabajan en el huerto, bordan y elaboran formas para el culto, que venden para tener un sustento. Una manutención a la que contribuyen también las limosnas, aunque toda entrada ha mermado, como evidencian cuando se las pregunta si han notado la crisis. «Sí», se adelanta la administradora, que da cuenta rápido de que en el convento sobra obra y falta material: «El tejado, sobre todo en la parte delantera, nos han dicho los albañiles que está hecho polvo, el artesonado mudéjar ya se ve...». «Nosotros les podemos dejar las brigadas de obras, pero material...», ataja Chamorro, que encabeza la delegación consistorial que cumplió con el compromiso: 970 euros de donativo, metidos en un sobre. Una aportación que era de 150 reales en 1690; 102 pesetas en 1906; 120.000 en el último año de la vieja moneda. En el origen, se podía cambiar por una ofrenda de 23 a 25 libras de cera. Ahora, no hay más que la arde.

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