Reportaje | l. urdiales
León se mete en un caos de nieve
Colapso en carreteras y vías urbanas de la provincia leonesa a causa de la acumulación de cinco centímetros de espesor y tras anuncios repetidos del temporal

Nieve matinal acompañada de glamur.
No fue porque los partes meteor ológicos dejaran lugar a dudas sobre lo que podía ocurrir; ni tampoco porque la estacionalidad no coincidía con la climatología. Nevó, no mucho, y en la mitad de la carreteras de León, de esas que se salen de la red denominada principal, se dieron las condiciones para no poder circular, o en el peor de los casos para sufrir un accidente. Hielo, sobre el hielo nieve, y sobre la nieve más hielo. A ninguno de los miles de conductores que tuvieron que rendirse al invierno a pesar de la batería de anuncios y propaganda dirigida a anunciar que los medios estaban dispuestos para combatir la presencia de nieve les rescató una fresadora, ni una máquina de las que sueltan fundentes que neutralizan las peores consecuencias del invierno en el asfalto; incluso las del invierno más feroz.
Lo del mediodía con tres grados bajo cero y los copos de nieve tan insistentes se quedó en una broma para las consecuencias de la nieve a primera hora de la noche. Los accesos a la capital leonesa quedaron -literalmente- colapsados. De poco sirvió el reto lanzado no hace tantas fechas sobre los recursos sobre la vialidad invernal. Bastó el paso de las palabras a los hechos, la primera aportación de nieve , para montar el mayor colapso que recuerda León desde hace un año, que también coincidió con una fuerte nevada. La de esta vez resultó menor. La nevada. A las diez de la noche la circulación por las rondas de León se asemejaba a una epopeya; los accesos a esas vías estaban impracticables; las colas de coches se sucedían en las principales arterias de la capital leonesa. La AP-66 ofrecía ya problemas durante sesenta kilómetros a partir del corredor del Luna; otros diez kilómetros de la León-Burgos se ajustaban a la definición del término colapso. Cincuenta kilómetros más en la A-66, entre el 142 y el punto kilométrico 200, compartían la misma consecuencia: nieve, a punto de la obligación de cadenas; como la carretera que conduce a Villablino, por la zona de Camposagrado. El tramo más al oeste de la L-30 llegó a limitar con el imposible. Las carreteras secundarias de la provincia sólo conducían a destino a partir de las ocho de la tarde: el fin del mundo. La nieve dejó una hilera de vehículos atrapados, de Trobajo a Navatejera, de la Avenida de Madrid a Eras de Renueva. A la hora que nació el caos no había más que una tela de nieve sobre el asfalto.
La provincia de León entera sometida sólo un mes después de retar con muchos medios a la nieve.