Diario de León

Reportaje | A. Domingo

Bailarinas de almidón

Las mujeres toman el relevo de los hombres y cumplen con la tradición, después de que en dos años no fuera posible reunir a ocho personas para ejecutar la danza

Uno de los lances del baile del paloteo, que se ejecuta ante la Virgen del Rosario.

Uno de los lances del baile del paloteo, que se ejecuta ante la Virgen del Rosario.

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Las mujeres han tomado el testigo como danzantes de san Jorge en San Esteban de Nogales. Bailar con medias, bombachos, dos faldas, mandil, fajín, camisa -"bien almidonada y doblada de forma que las mangas formen una suerte de acordeón-", chaleco, corbatín, redecilla y escapulario no parece muy masculino, motivo por el que las jóvenes han cogido castañuelas y palos con los que danzar durante la procesión del patrón, al son del tambor y las dulzainas, ante la imagen de la Virgen del Rosario y tras la reliquia de San Jorge.

Vestir a las ocho bailarinas del patrón costó cerca de dos horas, según relataba ayer Luzdivina Bailez Pérez, encargada de los atuendos. Luego llegaron las venias, el baile y el entrechocar los palos, en una larga procesión entre la iglesia del pueblo y la ermita de san Jorge, al otro lado del Eria más bravo que otros años, que obligó a construir el puente aguas abajo y con mayor esfuerzo.

Al arrastrar las piedras del centro del cauce, haber optado por el habitual punto de paso suponía construir un viaducto de mayor longitud que en otras ocasiones, así que se buscó un punto con una isleta en el centro del río, que ayudase a salvar el río. Alfombrado con césped, aguantó el paso del pendón -"en alto, y el de todos los devotos.

En la otra orilla, la comitiva hubo de esperar por el Cristo que la recibe -"la llave no aparecía-", para la recepción -"con más danzas y venias-" y encarar el último tramo de la procesión, con sus preceptivas tres vueltas alrededor del pequeño templo antes de que los devotos asistieran a misa.

Acompañaban al cortejo, la alcaldesa, Chelo Prieto, sus concejales, así como alcaldes y cargos de los valles del Eria y del Jamuz.

La historia relaciona la procesión con el benedictino Real Monasterio de Santa María de Nogales, que habría recibido las reliquias del santo de Roma y al que correspondió construir la ermita tras un conflicto con los vecinos del templo por el lugar en el que se debía celebrar la misa.

Fiesta grande en San Esteban, de las de sacar las mejores galas, de mujeres con medias finas y tacón de aguja, aunque se clave en la tierra mojada o incomode el paso del río.

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