Reportaje | m.a. / a.g.v. | Robledo se vuelca con sus paisanos

La fe que mueve montañas

La historia de Antonio Díez Pérez y de Marcos Lobato, que en la tarde de ayer fueron nombrados hijos predilectos de su pueblo natal, Robledo de la Valduerna, por su labor sacerdotal

Marcos Lobato y Antonio Díez posan acompañados de representantes de la junta vecinal de Robledo

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León

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Robledo se vestía ayer con sus mejores galas para rendir homenaje a dos de sus vecinos que durante años han estado dedicados a la vida sacerdotal y que aún se mantienen al pie del cañón con una única encomienda: llevar la fe, ayudar a los más necesitados y luchar por los derechos de los creyentes. Antonio Díez decidió un mes de septiembre de 1961 embarcarse con la obra de cooperación hispano americana, como misionero. «No pensé en ser sacerdote», dijo. Por aquel entonces, cuando llegó a Florida, se encontró con una multitud de hispanos trabajadores del campo carentes de fe que necesitaban ayuda. Esta década coincide con la integración racial, el Ku Klux Klan actuaba activamente y los cubanos, negros y mejicanos residentes en Florida carecían completamente de derechos. «Estoy vivo por un milagro de Dios. En una boda en la que casábamos, yo ya siendo sacerdote, a dos negros católicos tuvimos que pedir ayuda al FBI, para evitar un bombardeo», comentaba Díez, quien se encontraba enormemente agradecido y satisfecho con el nombremiento que le brindaba su pueblo. Lo cierto es que es Marcos Lobato el más conocido en el pueblo, pues desde que Díez se lanzó a las Américas abandonó España para siempre.

Marcos Lobato es vicario de la Diocesis de Astorga y aunque su historia es más tranquila que la de su amigo y hermano sacerdote comparte con Antonio Díez la necesidad de recuperar la fe en estos tiempos de crisis en todos los sentidos.

«El mérito no es de quien homenajean sino de quien brinda el homenaje», comentaba Lobato, que coincidia con Díez en su agradecimiento para con sus paisanos. Historias dispares pero comunes en un punto: la fe. Antonio Díez fue nombrado prelado de honor de Su Santidad en 1999 y Marcos Lobato recibió el mismo nombramiento este año. «Ha sido un reconocimiento gratuito a nuestra trayectoria, emotivo y bonito», comentaban los homenajeados, a quien durante la misa les han dedicado unas palabras amigos y allegados y también el pedáneo, Roberto Pérez, quien añadió que «son dos hombres sencillos y distinguidos por su trayectoria personal y sacerdotal. Este nombramiento prestigia al pueblo». El agradecimiento fue ayer la tónica general.

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