Diario de León
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León

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Carta te escribo Martín Martínez

Querido hermano: Salud; y si alguna peseta, disfrazada de euro entra en el saco, miel sobre hojuelas. Que estamos en tiempos de cambios y contradicciones aunque, en realidad, lo que ocurre es la repetición de algo que ya teníamos en el baúl de los recuerdos; ni eso, en el baúl de los olvidos. Como me ha ocurrido con esa pereza que estos meses me ha embargado y las cartas se han espaciado en demasía.

Por ejemplo, querido; este invierno nevó como nunca había visto aquel que nació después de milnovecientoscincuentaypico; aún andaba suelta la bota de Franco; hemos tenido una primavera lluviosa como mandan los cánones; y un verano de los que no se conocían; bueno, un verano como los de la pertinaz sequía (coño, otra vez Franco) en los de 1943-44 y 45; secos aquellos veranos en los que andábamos por los rastrojos sin apañar espigas y la cabra de la Morena lo único que daba era pena.

Aquellos, hermano, eran inviernos, primaveras y veranos; (los otoños como había uvas estábamos a verlas venir); estaciones bien delimitadas, como ha ocurrido este de 2010 y no como veníamos acarreando estos últimos lustros. Los entendidos dicen estas caloras se deben al cambio climático; ¡serán cenizos!

El miedo a sus pronósticos, siempre catastróficos, ha supuesto el incremento de la vida rural. Desde hace décadas no habíamos visto los pueblos tan poblados; las casas rurales , sobre todo las de los padres y abuelos son las estrellas de este verano. Sabes perfectamente por qué: el buitre de la crisis sobrevuela y el ahorro en el campo es sustancial; los colgaderos de la cocina de humo aún presentan (presentaban las semanas pasadas) unas cuentas corras de chorizo; un par de perniles y alguna pieza de cecina.

Y llegan, querido, cual plaga bíblica. Con escotes de Dios te ampare ellas, que es lo de menos porque solamente despierta la envidia de la cuñada; Sidoro al día siguiente ni se entera ya. Lo de ellos es peor. Se embuten en unos pantalones anchurosos para que se aireen bien los pinreles; que no llegan a los tobillos, ni sobrepasan suficientemente las rodillas; ridículo total, tú. No le falta una ristra de bolsillos en todo su contorno; por delante, por detrás y por los laterales como cuando se acarreaba paja. Nada llevan en tanto departamento con botones y todo, pues a la hora de pagar las cañas solamente aparece el moquero y a lo sumo un clínex que dejó la parienta.

Eso sí, querido; llegan al pueblo y ponen la cabeza de Nolete como el biombo de Riancho con los barquillos en el cantón de la plaza Mayor; ahora dicen como los aerogeneradores de Becerril, para que veas como se ha prosperado. Bueno el caso es que a Nolete lo vuelven loco.

Yo creo que deberíais hacer..... dice uno; una semana cultural afirma el otro rascándose el sarpullido de la picadura de una avispa; limpiar el camino de la Fuente la Salud para programar excursiones a los niños en verano clama un tercero; recuperar el potro de herrar los bueyes; recrear la siega del centeno y la trilla en las eras; no dejar que desaparezcan nuestras raíces que son símbolo de cultura. Deberíais hacer...; ellos que huyeron como alma que lleva el diablo para no aguantar las siestas bajo una morena o comer tanta paja como fréjoles en la era cuando sopla el remolino, quieren que los pocos que restan y aguantan mantengan lo que despreciaron; lo que ahora por unos horas les parece el Edén. Había que... Ya veremos dice Nolete con sorna y les propone. Empieza que los de aquí te seguimos. Entonces no vuelven a mentar el asunto. Y así, hermano, no propone más, y se me fue la cuartilla, con lo mucho que tenía que contarte. Hay tiempo; lo que sí es cierto que hemos tenido, hasta ahora, un año y un verano como los de antes.

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