La 'casa grande' no pudo más
El hundimiento de la casona blasonada de Alcuetas hace temer por el castillo inmediato, Bien de Interés Cultural desde 1949 y en estado cada vez más ruinoso
La casona ahora derruida llegó a contar con dos torres y estuvo unida al castillo, del siglo XVI.
Todos la conocían en la zona como la 'casa grande', y también como la 'casona' o el 'palacio'. Hasta que el abandono extremo y las lluvias provocaron su derrumbe el pasado lunes para consternación de los vecinos del pequeño pueblo de Alcuetas, muy cerca de Valencia de Don Juan. Era un edificio blasonado sumamente singular, aunque sólo fuera por la excelente piedra escuadrada que constituía su fábrica -tan inusual en esta llanura leonesa donde todo está hecho de tapial y adobe-, o por el escudo de los Marqueses de Villasinda que ha resistido en una esquina, de forma casi milagrosa, el desplome de gran parte de la construcción.
Los habitantes del inmueble anexo y propietarios de la casona no se encontraban en ese momento en la vivienda -residen regularmente en Valladolid-, así que no hubo que lamentar desgracias personales. Además, la casa llevaba mucho tiempo sin estar habitada, sólo servía como almacén de aperos. «En tiempos, según se dice, residió en ella el cura y también sirvió como escuela -cuenta la dueña-, pero después lo compró mi abuelo a un señor que tenía muchas fincas por toda esta zona; luego hizo la otra casa al lado mismo». La imposibilidad económica de arreglar un edificio de este tamaño y características, unido al simple paso del tiempo, ha provocado que la casa, «como pasa con todo, todo se acaba», apuntó la propietaria, se haya venido abajo.
Por su parte, el alcalde de Villabraz, municipio al que pertenece Alcuetas, Ricardo Pellitero, avanzó que entrará en negociaciones con la familia para, al menos, trasladar el escudo y algunas piedras a la entrada del pueblo. La casa no contaba con protección legal pero sí, a muy pocos pasos -llegó a formar parte de él-, el castillo, que es BIC desde 1949, algo que no le ha servido para atajar la intensa ruina que lo devora. «Somos un municipio de 126 empadronados, poco podemos hacer por él...», dice Pellitero.