Derecho al pataleo
Carta que te escribo martín martínez
Querido hermano: Pues ya ves tú; pensé que estaba equivocado en mis apreciaciones. Compruebo que me apoyas en lo que se refiere a ese estafermo que nos van a endilgar con el Gullón y su recuperación. Resulta que ahora, al tener la gran oportunidad de recuperar el adarve de la muralla, el agravio que el ministerio nos infiere es más grave que el acaecido aquel año de 1924; pues en aquel entonces, desde que se iniciaron las obras del teatro, hasta su inauguración, pasaron por la alcaldía García del Otero, Blas Martínez, Felipe Vizán y Fernando Vega, este en 1924 y curiosamente era uno de los cuatro promotores, cuyas iniciales campean en la fachada. Eran otros tiempos, hermano; recuerda que la muralla, aún en los círculos más avanzados se tenía como un elemento distorsionador del progreso; que el Ayuntamiento la vendía a tramos para remediar la crisis económica y pagar el sueldo de los empleados. No obstante bueno es que sepa nuestro amigo Carlos (vecino de Astorga) que esos tramos de muralla fueron adquiridos, al igual que la ergástula, legalmente por sus propietarios. En el caso del Gullón no hubo venta sino ocupación graciosa, como en algunos otros tramos, lo cual nos muestra que la corruptela no es invento actual.
Ahora, cuando podía realizarse el retranqueo del edificio —que dicen será derribado a excepción de la fachada— aunque fuera en detrimento del aforo, no sólo mantienen esa ocupación del adarve, sino que invaden el maltrecho muro y una fachada, que retranqueada sería bien acogida a prudente distancia, vuela sobre la propia muralla, lo cual se nos antoja inconcebible en estos tiempos de preservación del patrimonio.
En la penúltima, te expresaba mi rotunda oposición a tal desmán, estando convencido de que esa debe ser mi obligación como ciudadano y algún otro motivo que no hay por qué exponer. Con mayor razón me opongo, viendo cómo salvando solamente la brecha, a diez metros, en la obra que promueve el Ayuntamiento para cuartel de la Policía Local, la Comisión de Patrimonio no sólo ha obligado a dejar libre y exenta la muralla, sino que exigió dejar unos metros de respeto a la misma — medida correcta y que aplaudo— para poner en valor ese Plan Director que se quiere llevar a cabo para recuperación de la cerca. Me preguntaba entonces, querido, como me pregunto ahora: ¿por qué la Comisión de Patrimonio no ha intervenido en este caso? ¿Por qué se ha inhibido y ha dejado actuar a capricho de un ministerio o, tal vez, de un arquitecto visionario?
Desde aquella fecha hasta hace unos días, meditaba si no sería yo el equivocado, pues era el único que mostraba desacuerdo con lo que se intenta hacer. He comprobado que no, que no estoy solo contra los molinos. Ahí está Carlos quien, con los conceptos un tanto confusos, defiende nuestra muralla. Y con enorme satisfacción he leído, que alguien tan significado como es el astorgano y Subdirector del Museo Nacional San Gregorio, toda una autoridad en este aspecto patrimonial, ha mostrado su asombro y pide responsabilidades a quien corresponda. Hay otras muchas personas, también significativas que deberían tomar partido en este aspecto, sea de una u otra parte, que bueno es saber con quien jugamos el futuro de nuestros nietos.
Puede que ocurra lo que ocurrió con el salón de sesiones, la escalera y los cuarterones de la casa consistorial; lo mismo que con las termas mayores, o con la Caja de Reclutas. Los responsables hicieron de su capa un sayo y hasta hoy. Puede que ocurra, hermano, pero no puedo ni debo callarme ante tamaño atropello, del que algún día podrían demandarme. A la vez espero que sean más personas las que se unan a nuestra causa, aunque sea perdida. Por lo menos ejercemos el derecho al pataleo.