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León

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Carta te escribo martín martínez

Querido hermano: Tomo la pluma, digo aporreo las teclas, después de estas jornadas de holganza y gastronomía disparatada (para otros) a fin de felicitarte el año. No por el año en sí, que todos los augurios nos lo presentan más nefasto que el fenecido 2011, y ya es decir. Así que, desde el primer día tendremos que llevar los machos bien apretados, como hiciera Machaquito, para lidiar este morlaco de 2012 que apareció por los toriles con muy malas intenciones, diría don Curro Romero. Saltemos la barrera. Negro, pero negro zaíno se nos presenta, querido.

Y es que, sean unos u otros, manejan el engaño (no para el morlaco), el embuste y el «depende» que es el pan nuestro de cada día al que nos acostumbraron los circumflejos. Este campo de desolación, que Zapatero y los suyos habían dejado como los adiles de los Arreteles, ingenuos de nosotros creíamos que podría darnos algunos brotes verdes con los nuevos mandatarios. No habían florecido y se helaron. A los jubiletas, el que fuera Registrador de la Propiedad en Vilafranca del Bierzo, nos metió un caramelo envenenado; es como si nos hubiera dado por retambufa, que nos dio. Nos alegró la pajarita con la subida de seis, acaso diez, eurines mensuales; y nos dobló por el eje con ese asunto de la subida del IRPF, añadiéndole el IBI, más lo que venga en breve.

Oye hermano, a lo mejor es que tiene que hacerlo así, pero hay que avisar y no tendríamos chiribitas en los ojos unos meses. Y dice Nolete, que con eso de la crisis, todos, un tal para cual. Los otros se disfrazaron de sastres (bajar —¿el pantalón?— es de socialistas) y manejaron la tijera que dejaron en mantillas a Cuende (q.e.p.d.) aquel sastrecillo valiente de Valderas, que también cortaba el bacalao en el palacio de los Guzmanes. Pues ahí los tienes, báilalos. Rubalcaba, capaz de crear un programa que no olió en los siete años y pico antecedentes; y doña «Carma», dicen que dice que pudo tener una bisabuela espadadora de buen lino en las riberas del Cabrera y que un día visitará el museo de Encinedo. Panibérica se ha tornado.

Por Astorga, hermano, anda el gallinero —que esto es un gallinero— revuelto. Se apaciguó, como sabes, la tremolina de la muralla y el teatro, que puede incendiarse de nuevo si es que traen a Ranilla, como se dice. Chispas, de afilador de navajas, echan Bardal y Peyuca y retumba como cuando la tormenta viene del Manantial. Y Pablo ahora quiere, de inmediato, entrar en Mafricas, que allí no se sacrifican pollos. Lo cierto es que alcanza tonos de demasiados decibelios el persistente rumor; y ya sabes que si el Jerga ruge, lleva agua. Se dice que los presupuestos no se aprobarán hasta que Peyuca les dé su bendición; o sea que queden a su gusto; que si Peyuca se queja el lunes por la tarde de los feos hierbajos de una rotonda, el martes bien de mañana se eliminan; que si patatín, que si patatán; que qué pasa en la Casona.

Son, querido, insidias que circulan por esta vieja bimilenaria ciudad que el Viento, señor de la Tierra como dijo nuestro ex, las lleva muralla arriba, muralla abajo. Ese viento lleva el bulo que puede tener consecuencias imprevisibles en la política municipal; alguien está propalando «soto voce» que Juanjo, y su equipo, había dejado un agujero de nueve millones; me dicen que el propalador debió confundirse con los aún lejanos, o tal vez cercanos, 900.000 que si andan por las cuentas.

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Me quedan cosas, hermano, en las teclas. Saldrán en las próximas cartas, algunas muy sustanciosas. Cuídate, y feliz año.