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León

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Porfirio gordón

Cronista oficial de santa elena de jamuz

La Guerra Civil había dado al traste con la antigua tradición de colocar los Mayos, pero tímidamente había vuelto a recuperarse. Así, en Jiménez de Jamuz, por los años sesenta se conservaba en los distintos barrios del pueblo (Cantarranas, el Galvana, el Cueto), compitiendo por ver quién lo hacía mejor. Entonces el mayo no era más que un muñeco o pelele con cara de trapo y sombrero de traje de labranza. Un traje viejo de hombre relleno de paja o hierba daba forma humana al Mayo que se colocaba en lo alto del palo de chopo, álamo u otro árbol cualquiera. En algunas ocasiones era dos, el Mayo y la Maya. Pero no tuvo suficiente fuerza para perdurar y por aquellos mismos años la tradición secular se perdió, como se perdieron otras. Por los finales de aquella década vimos el último Mayo enhiesto en la plaza mayor del pueblo.

Tristemente perdida y felizmente recuperada, aquella costumbre renació en Jiménez de Jamuz cual Ave Fénix a mediados de los 80 (¿1984, 1985?). Por estos años, los vecinos del barrio La Ermita recuerdan haber puesto su primer Mayo: La Novia . Le siguió al año siguiente Lola Flores con el que ganaron su primer premio con un jurado compuesto por personas del pueblo. Y ya en 1988 nos consta documentalmente ( Revista Jamuz , número 16) que celebraban una fiesta por todo lo alto por haber conseguido con el primer premio en el que ya tenía forma consolidada de concurso. Incluía aquella fiesta una excursión matinal al pueblo vecino de Tabuyuelo, un concurso de redacción, dibujo y pintura y una verbena amenizada por Los Cirolines , con concurso a su vez de jotas, pasodobles y tangos.

No estuvo exento desde el primer momento de aquella rivalidad de antaño, constatada ahora en forma de crítica intervecinal discutiendo los premios concedidos. Enseguida el Ayuntamiento de Santa Elena de Jamuz hizo suya la organización del evento para darle continuidad, haciendo una llamada a los vecinos de los otros dos pueblos, Santa Elena y Villanueva, para implicarles en la tradición por medio de premios. Éstos consistieron durante los primeros años en una verbena o dinero o para una cena para el primer premio, un cordero para el segundo y dos conejos para el tercero. En 1995 se extendió la tradición a Santa Elena, decidiéndose a poner sus primeros Mayos y continuando en años sucesivos, llegando a conseguir algunos de los primeros premios. Más remisa, Villanueva accedió a participar en el concurso por primera vez en el año 2000, colocando su primer Mayo, el tradicional. Actualmente y para evitar controversias, el Ayuntamiento regala dos o tres conejos a cada barrio o grupo por el mero hecho de construir el Mayo.

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Lo que antaño sólo era un largo palo con un monigote colgado, ahora es arte en lo que se viene llamando «tradición renovada de los Mayos». Artísticas figuras cobran vida sobre un soporte de tablas, después de quince días de trabajo de todo el grupo participante, que mantienen en el secreto mejor guardado lo que miles de visitantes podrán admirar a partir de cada primero de mayo. En un lugar bien visible del Mayo y formando parte del mismo se coloca un texto alusivo, casi siempre rimado, que describe la escena presentada.