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Opinión | alfonso arias balboa

PResidente del consejo comarcal del bierzo

Una vez más la minería y El Bierzo están en “pie de guerra” para defender el carbón. Una situación que esta vez se une a la problemática social y económica generada por la crisis en la que estamos inmersos desde el 2008 y que nos ha afectado de una forma alarmante. Sin embargo, la otra crisis, la crisis de este sector energético ya viene de largo. Por lo tanto y por desgracia, nada es nuevo para nosotros.

A lo largo de estos años se han sucedido los planes de ayuda a la reconversión de las comarcas afectadas por el decaimiento de la industria carbonífera. Estos planes (1998-2005 y 2006-2012) han buscado la reactivación de estos territorios, la mejora de la calidad de vida de sus habitantes y atenuar, en la media de lo posible, la pérdida de puestos de trabajo fomentando la creación de empleo alternativo en los municipios mineros.

Al mismo tiempo, se han concedido ayudas directas a las empresas, tanto para mantener su funcionamiento como para facilitar el proceso de prejubilaciones, así como a la realización de proyectos para mejorar las infraestructuras de las comarcas mineras. En El Bierzo se creó el campus universitario de Ponferrada, se construyeron carreteras, edificios públicos, polígonos industriales, obras municipales de depuración y de abastecimiento de aguas, entre otras, y se pusieron en marcha proyectos turísticos. Precisamente, este último, es uno de los sectores que, junto con el agroalimentario, está llamado a convertirse en el nuevo motor de la economía berciana.

Por último, numerosas familias se han beneficiado de las becas para la formación que han posibilitado que sus hijos realizasen sus estudios en España y en el extranjero con cursos de idiomas financiados gracias a estas partidas.

Sin embargo, en ningún caso, estamos en disposición de decir que, todo lo anteriormente citado, haya sido la solución definitiva para paliar el problema que genera la desaparición de esta industria. Es más, de producirse el cierre definitivo de las empresas, la situación de El Bierzo pasaría de ser crítica a ser dramática. Porque no sólo estamos hablando de la pérdida de más de 4.500 puestos de trabajo directos sino de numerosos empleos indirectos que se crean entorno al carbón.

Debemos conseguir un consenso entre todas las fuerzas políticas para seguir defendiendo el carbón como un sector estratégico dentro de un mix energético sostenible y diversificado cuyo coste sea asumible por el usuario.

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Considero imprescindible que la reducción de las ayudas a las empresas ha de realizarse de forma escalonada para no poner en riesgo su viabilidad y la de los puestos de trabajo que generan. Es necesario buscar soluciones para que las minas productivas continúen abiertas más allá del 2018 y evitar el desastre que supondría su cierre.