Diario de León

La rentabilidad que nadie parece tener en cuenta

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Opinión | javier pérez. escritor

El apoyo a la minería leonesa no es sólo una cuestión social, ni tampoco una defensa de uno de los últimos recursos que quedan en esta tierra: es un tema de sentido común que pasa por las cuentas de pérdidas y ganancias, el único razonamiento que entienden algunos. Y en ese idioma voy a hablar.

No discuto que en estos momentos salga mucho más rentable importar el carbón y que el mantenimiento de las explotaciones resulte más caro que importar el producto. Lo que discuto es que eso sea una buena idea, tratándose de un recurso tan escaso y de tanta importancia como la energía, que requiere, además, inversiones sumamente grandes para ponerse en marcha. ¿Pero hay alguien que tenga en cuenta ese coste de inicio? Parece que no, porque ahora ya está pagado. Lo tendrán en cuenta después, cuando sea demasiado tarde, y nos vengan una vez más con la monserga de que no se planificó correctamente.

Hagamos cuentas:

Por una parte, tenemos a todos esos trabajadores a los que habrá que pagar el subsidio de desempleo, o en muchos casos la prejubilación. Cerrando, no se ahorra todo, sino solamente una parte, señores contable. Resten ahí. Resten las cotizaciones sociales que dejan de ingresar, las tiendas, talleres y hasta guarderías que cerrarán y hagan las cuentas como es debido.

Por otro lado, el carbón es un recurso estratégico, y cuando llegue el momento de la escasez energética, que no tardará mucho debido a que ya se ha alcanzado el pico del petróleo (producción máxima en términos de energía, no de barriles) necesitaremos durante todo el periodo de transición de una fuente PROPIA de energía, que nos permita resistir de manera autónoma los vaivenes del mercado y el más que previsible encarecimiento salvaje de las fuentes de energía.

¿Qué ocurriría en España si una guerra o un desastre natural nos impidiesen importar petróleo? ¿Qué pasaría si el precio, por cualquier razón se triplicara en pocos meses? Esas son las cuestiones estratégicas que siempre fueron tenidas en cuenta y que ahora nadie quiere escuchar porque son ideas que parecen superar a nuestros políticos, siempre cerriles, cortoplacistas y centrados en el presupuesto de mañana por la tarde.

Nuestras minas ya están en marcha, pero son instalaciones que sufren un rápido deterioro, por lo que su abandono en este momento nos obligará a tremendas inversiones para reabrirlas en el momento en que la necesidad apriete. ¿No será mejor mantenerlas abiertas, aunque salga caro, que tener que reabrirlas luego a precio de oro?

Las infraestructuras que se pierden son capacidad de producción que se destruye, y aunque los señores contables no las resten, son PIB que se va al garete. Cada vez que se deja caer la casa del abuelo en un pueblo perdido, el país se empobrece. Cada vez que un pasto de vacas se convierte en un zarzal, el país se empobrece. Cada vez que se obtura o se rompe un canal de riego en un monte perdido, el país se empobrece, porque son recursos que podían producir y ya no pueden hacerlo. Y cada vez que se cierra una mina, el país se empobrece, se vuelve más dependiente y arriesga su futuro, su autonomía energética y su capacidad competitiva, porque el carbón es un recurso de última instancia que puede marcar la diferencia entre la subsistencia y el desastre en un momento de crisis energética.

Así que por favor, señores políticos, no sean tan cortos de miras. Igual que hay que tener pantanos aunque llueva, hay que tener minas de carbón aunque ahora, de momento, sea más barato traerlo de otra parte.

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