Marco y Adame, a hombros en Coyanza
Buena corrida de toros en la que Pinar no salió también por la puerta grande al fallar con la espada.
Toros: De la ganadería jienense de Sancho Dávila. Bien presentados. De juego desigual, en general nobles, aptos para el lucimiento de los toreros y justos de fuerzas. Aplausos para segundo y quinto. Inservible el tercero.
Francisco Marco: Dos orejas y una oreja.
Joselito Amade: Una oreja y dos orejas.
Rubén Pinar: Aplausos y una oreja.
Incidencias: Casi tres cuartos de plaza en una tarde agradable.
Los matadores Francisco Marco y Joselito Adame abrieron ayer la puerta grande de la plaza de toros de Valencia de Don Juan en una buena corrida de toros en la que Rubén Pinar no pudo acompañar a sus compañeros en la salida a hombros al fallar a la hora de entrar a matar.
La tarde empezó con fuerza ya que el navarro Francisco Marco cortó las dos orejas al primer toro. Lo recibió con una larga cambiada, rodilla en tierra. Y consiguió estirarse con el capote en una buena tanda a la verónica. La faena comenzó con varias series con la derecha muy templadas, aunque sin hacer humillar al animal, que poco a poco se fue apagando y acortando el viaje. Tras unas manoletinas, mató de un gran estoconazo. En su segundo, el cuarto del festejo, realizó una faena de mucho mérito ante un toro que ofrecía muy poco. Volvió a matar bien y cortó otra oreja.
Por su parte, el mejicano Joselito Adame consiguió meterse el público en el bolsillo con su entrega y emocionantes lances con un inconfundible aroma a su país. A su primer oponente lo recibió estirándose a la verónica. Tras poner tres buenos pares de banderillas, comenzó el trasteo al hilo de las tablas agarrando la barrera. Con un toreo siempre del gusto de su tierra, logró varias tandas especialmente con la mano derecha llevando a un gran toro con mucha fijeza y clase, muy humillado y templado. Le cortó una oreja al pinchar al entrar a matar. A su segundo consiguió cortarle las dos orejas a pesar de realizar una faena de menos importancia.
Finalmente el albaceteño Rubén Pinar nada pudo hacer ante el primero que le tocó en suerte. Al que cerró plaza le cortó una oreja y perdió otra al fallar con la espada, en una faena en la que siempre estuvo por encima del animal.