Diario de León

«Paró el coche y creímos que se iba a entregar sin presentar resistencia»

Isabel Rodríguez, madre de Silvia Brugos, recibe el apoyo de una amiga en la Audiencia.

Isabel Rodríguez, madre de Silvia Brugos, recibe el apoyo de una amiga en la Audiencia.

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El sargento al mando del puesto de la Guardia Civil de Degaña mantuvo tiempo antes del fatal desenlace una entrevista con Silvia Brugos en la que manifestó que José Manuel Álvarez le seguía. Lo había encontrado «en Ponferrada, junto al coche», en un viaje que realizó con su novio, Jorge Marqués. El comandante de puesto facilitó a Brugos su teléfono móvil, «al menos el corporativo, no sé si también el personal», porque intuyó que «había algo más», y fue el primero, con otros dos guardias, en llegar al domicilio atacado. Describió un espectáculo dantesco, tanto que los agentes lo primero que hicieron fue «sacar a los niños de la escena. Los llevé a la única habitación que estaba limpia», dijo.

Aproximadamente un mes antes del crimen, el suboficial y la víctima coincidieron, según relató, en la piscina de Cangas del Narcea. El agente preguntó por el asunto y notó a Brugos «especialmente preocupada», ya que Álvarez «le molestaba con llamadas telefónicas, después de que, al parecer, hubiera roto con una mujer» con la que había mantenido una relación sentimental tras el divorcio.

De ahí que la primera llamada de Silvia Brugos fuera al comandante de puesto, a las 5,38 horas del 23 de mayo. Con «la tranquilidad que quizá da el acabar de despertarse, me dijo que le había apuñalado». El agente cortó la conversación «para vestirme, coger mi arma reglamentaria» y avisar a la patrulla de servicio y dirigirse al domicilio de los Brugos. «Me di cuenta de que había cortado la comunicación con Silvia bruscamente y la llamé. Entonces me dijo, «por favor, ven pronto que está apuñalando a todo el mundo».

Fue el comandante de puesto y la patrulla que le llevaba a casa de los Brugos los primeros en toparse con el lacianiego, que huía del escenario del crimen, a la altura de la plaza del pueblo. Cruzaron el coche en la vía para interceptar el vehículo de Álvarez. El leonés, minero de profesión, detuvo su coche. «Creímos que se iba a entregar sin oponer resistenciaalguna », señaló el sargento, pero encontró una salida por un talud y, tras lanzarse contra el vehículo policial y colisionar con la puerta del conductor, «huyó a gran velocidad». Como señalaría uno de los agentes, «eligió el camino más corto» para salir a la carretera general. La patrulla trató de seguirlo, pero al percatarse de que su esfuerzo era inútil acudió al lugar de la llamada para socorrer a las víctimas.

Los servicios sanitarios

El guardia señaló que el padre de los Brugos ya había muerto cuando llegaron. Roberto Brugos gemía de dolor tendido en el pasillo, cerca de un cuchillo roto, «el pulso y la respiración de Jorge Marqués eran débiles». Los testigos también refieren la presencia de «un cuchillo jamonero» en la escena del crimen que acabó en la pila de la cocina.

Esta situación fue la que también presenció el equipo sanitario que llegó al lugar en ocho minutos desde que se dio el aviso. «El médico me preguntó al llegar que qué hacía y le señalé que lo mejor era atender a Roberto Brugos», al que no pudieron salvar la vida a pesar de los esfuerzos por reanimarle.

Los agentes de la patrulla de noche que acudió a casa de los Brugos con el comandante de puesto se expresaron en términos similares a los de su jefe. Los tres coincidieron en que Álvarez escapó a gran velocidad, aunque sólo uno calificó de pericia la maniobra que permitió escapar al acusado de la patrulla.

El letrado de la familia Brugos insistía en preguntar a los agentes si habían visto las heridas de Álvarez cuando detuvo el coche, pero no pudieron confirmarlo.

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