A LOS HÉROES DEL GREIM
Un homenaje desde lo más alto
La montaña respalda el reportaje de Vidal sobre el accidente de la Polinosa. Vidal destaca la especial relación que se crea entre los montañeros. Poner la vida en manos de un compañero es confiarle también «la llave de tu corazón». Una relación se fortalece «cuanto más largo es el ascenso»
Anselmo Vidal presenta el reportaje, que algunos vieron desde la calle
Fundido a negro. Termina el documental. Un instante de silencio absoluto —quizá no fueron dos segundos— hasta que alguien consigue aplaudir y le acompañan todos los que ayer llenaban La Rinconada, un bar frente al Palacio del Conde Luna en el que ayer se estrenó Compañeros, la cara B , del miembro del Grupo de Rescate e intervención en Montaña (Greim) Anselmo Vidal.
El montaje no es el definitivo. A la espera de introducir nuevos testimonios en el reportaje sobre el accidente del 24 de agosto en el pico la Polinosa (municipio de Maraña) —que costó la vida al guardia del Greim José Martínez Conejo, al capitán Emilio Pérez Peláez y al teniente Marcos Antonio Benito Rodríguez, ambos del Servicio Aéreo de la Guardia Civil— Vidal optó por contraponer una ascensión al corredor de Torre Salinas (Vega de Liordes) en la que participó Martínez Conejo con su relato del accidente.
Detallar el contenido resulta tan aburrido como una película contada. En su versión provisional o definitiva, el documental hay que verlo.
Tan sólo apuntar que los testimonios del sargento del Greim Enrique Ferrero y del agente Ovidio Abad apuntalan la versión de Vidal, la narración de los hechos que ha mantenido desde que se produjo el accidente, sin entrar a valorar ni interpretar causas. El greiman , como conocen los montañeros a los ángeles de la guarda de las cumbres, se centra en el aspecto humano como homenaje a sus compañeros fallecidos de la Unidad de Helicópteros de la Virgen del Camino y a su compañero de especialidad del cuartel de Sabero.
La cinta del videoaficionado tiene fuerza. Vidal lo define como «un guiño», pero templa el ánimo del espectador —de la más abrasadora temperatura al más bajo de los fríos sin transición— y, al final, una suerte de montaje que desnuda el alma del autor: Para Vidal la montaña no es sólo el medio de ganarse la vida, es una auténtica pasión.