Diario de León

SIN FECHA DE SALIDA

La lucha por la mina muerta

El grito de los encerrados en la Vasco lanza el mensaje de los contrasentidos: calor de familias y compañeros contra la húmeda corrosión interior, en la pelea por exigir los fondos para el cierre de la mina que siguen convencidos de que tiene futuro.

Sócrates, Álvaro, Elías y Daniel toman fuerzas en el refugio que se han habilitado en el grupo Túnel de la Vasco. MARCIANO

Sócrates, Álvaro, Elías y Daniel toman fuerzas en el refugio que se han habilitado en el grupo Túnel de la Vasco. MARCIANO

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maría j. muñiz | santa lucía

«No. De ninguna manera». La lucha minera no ha muerto. No morirá, ni se verán vencidas las débiles esperanzas una y mil veces traicionadas. La lucha minera se enroca en el interior de los túneles supurantes de agua y abandono. En las cunetas anegadas de lodos no extraídos. En los sonidos que mantienen siempre alerta, envueltos en el silencio que ha conquistado la absurda realidad de que las enormes vetas de buen carbón de la cuenca de la montaña central serán enterradas para siempre. Contra todo pronóstico. Contra cualquier previsión. Quizá contra toda lógica. Pero así es. Se repite como un mantra en cada parada dentro y fuera de los túneles y galerías, bajando la luz impenitente de la lámpara al suelo negro. «Es que no tiene sentido».

No lo tiene. La más moderna explotación nacional de carbón, después de décadas de inversiones millonarias, con las capas de mayor potencia del país (aquellas que ya quisieran para sí otros países de la Unión Europea que se han dado una tregua para repensar el futuro de los combustibles fósiles), es hoy un deshecho de hierros y construcciones que sólo aspira a que se cumpla, quizá esta vez sí, el compromiso firmado de financiar el despropósito de la clausura.

RESPIRO TEMPORAL

Un cierre ordenado (es decir, un plan de clausura de pozos, galerías, estructuras,...) que daría un respiro temporal de empleo a las más de 200 familias que dependen de que el Gobierno cumpla su compromiso firmado y presupuestado ya este año de financiar el inicio del fin. De comenzar las labores de clausura de las hace bien poco punteras explotaciones de interior para enterrarlas en el olvido, pero con garantías para las poblaciones cercanas. Los ingenieros y los administradores concursales han advertido reiteradamente sobre los peligros de dejar pasar más tiempo. Agua incontrolada sobre las grandes poblaciones cercanas (La Robla y Santa Lucía) y grisú acechando en los túneles. Cada vez funcionan menos bombas. Y no hay dinero para arreglar las averiadas. En las galerías se suceden en siniestra fila de ijnservibles esqueletos mecánicos las máquinas averiadas que no pueden volver a la actividad porque no hay dinero para las piezas de repuesto.

En este entramado de túneles, galerías y capas que están inactivas desde hace poco más de un año, desentumecen ahora músculos y articulaciones Daniel Garguño, Álvaro Rodríguez, Sócrates Fernández y Elías Ortega Los cuatro mineros de la Hullera Vasco Leonesa atrincherados en la planta 190 del Grupo Túnel. Casi 200 metros bajo tierra, más de 900 sobre el nivel del mar, que llevan ahora diez días paseados entre las vagonetas que hacen de camastro, el recodo donde reparten cartas y cortan viandas a navajita, y los túneles ya antes abandonados por los que hacen pierna.

REIVINDICACIÓN

Un encierro que reivindica el establecimiento de las modificaciones y premisas que permitan el inicio de la liberación de los fondos para el cierre de la explotación de interior. Y, con ello, la posibilidad de mantener parte de los empleos durante unos meses. Un encierro que en el fondo sigue gritando el contrasentido de todo lo que está ocurriendo alrededor del cierre de la explotación de interior de la Hullera Vasco Leonesa. Más de un siglo de historia minera, pero también de cultura y sentimiento de comarca, de supervivencia, educación y futuro; que se desmantela ahora sin contemplaciones, y quizá sin suficientes razones.

Los encerrados recibieron la visita de los medios de comunicación. MARCIANO PÉREZ

Es lo que piensan quienes se sacuden la humedad y el frío con las conversaciones por teléfono interno y las viandas que envían las familias, con los abrazos lámpara a un lado de los compañeros. Es la contradicción entre la lucha, o lo que les han dejado de la lucha, y la rabia, que esa sí sigue creciendo. La evidencia del abandono frente al ánimo inquebrantable que se realimenta de la fuerza del compañerismo y el corazón minero. La locura de la mina muerta por el sinsentido.

EL TIEMPO PASA

Mientras tanto Elías, Sócrates, Álvaro y Daniel pasan el tiempo entre paseos chapoteando por el lodo, para regatear el inevitable entumecimiento de las articulaciones; cálculos para saber si es la hora de desayunar o de cenar, para que la noche eterna de la mina no desoriente sus sentidos; charlas y juegos con compañeros que bajan y suben por la jaula hoy casi inservible, para hacerles más llevadero el interminable minuteo diario,....

No falta tiempo para las bromas. Ni para las reivindicaciones. Un trozo de tiza es una demostración de intenciones en una pared, una viga, una vagoneta,...

«Ojalá salgamos mañana. Pero aguantaremos lo que haga falta. El encierro es, a día de hoy, la bala que tenemos...» Carraspean. Las gargantas sufren primero. Fríos, humedades y corrientes. Por teléfono, para madres, compañeras e hijos, paso firme y ánimo en alza. De cota 1.160 hacia abajo, los mocos se sorben en casa. Para ellos todo el ánimo. Una cosa es entrar y salir a las ocho horas. Otra quedar allí dentro. «Yo una vez entré y no pude. Me agarré a la escalera y no fui más allá», tiembla la hoy madre, antes esposa de minero. Lloran en casa.

Ante el teléfono, todo fuerza. Desde el teléfono, todo fuerza. En el pozo, el ánimo inquebrantable. Fuera del pozo, el sostén sin el que este ánimo no tendría sentido. Niños y abuelos, trabajadores y sindicalistas, madres, esposas, compañeras, ex mineros (si es que uno puede cortarse la coleta en este ámbito, que parece que no),.... Y un grito común. O más de uno. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Y ahora qué? ¿Y luego qué?

Muchos porqués en el aire que como respuesta llevan demasiado tiempo escuchando sólo el eco de su desesperanza. Pero la lucha sigue.

Las vagonetas se han habilitado como improvisado dormitorio. MARCIANO

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