guerra del agua ■ se dispara la tensión entre los regantes
La vigilancia privada tratará de evitar los sabotajes en el Páramo
Los regantes se concentran ante la comunidad y se produce un nuevo desvío de agua.

Los regantes de las zonas modernizadas tomaron ayer la sede de la comunidad. MEDINA
A. Domingo | Redacción
La falta de agua echa a perder cultivos y calienta los ánimos de los agricultores ante las pérdidas que acumularán al terminar la campaña de riegos tras haber invertido en sus cultivos. La guerra del agua en el Páramo Alto ha tomado ya un cariz suficiente para que la comunidad de regantes tome cartas en el asunto y contrate seguridad privada para evitar sabotajes y enfrentamientos entre los regantes.
Si el lunes eran los productores de la zona de Grisuela los que reclamaban su dotación ante la comisión permanente de la Comunidad General de Regantes del Canal del Páramo, el martes por la noche un buen número de agricultores de zonas que riegan por gravedad volvía a concentrarse ante la sede de la entidad y ayer por la mañana tomaban el relevo los productores de la zona modernizada, que exigieron el corte de agua para el riego a manta y su destino a los sectores modernizados.
Poco antes, la balsa del sector IX había quedado en seco y los riegos de éste —modernizado— interrumpidos, después de que a mediodía del martes se produjera un segundo episodio de rotura de candados para derivar agua a fincas sin modernizar. Aunque ayer algunos negasen el sabotaje, el presidente de la junta de gobierno del canal, Antonio Ferrero, confirmaba el hecho.
Ferrero también aseguró que serán cuatro los guardias jurados que vigilarán canales y acequias de la comunidad —con 17.000 hectáreas en regadío—, durante todo el día en patrullas de dos guardias. Cada pareja realizará su cometido en un vehículo. Esta medida se reflejó ayer en la reunión de la comisión permanente con los regantes de las zonas modernizadas.
Según manifestó ayer el presidente de Ucale-Coag, Apolinar Castellanos, la comisión permanente «decidió el martes cerrar el agua a los riegos por gravedad». Ante las presiones de los agricultores que aún utilizan estos sistemas de riego —unas 7.000 hectáreas— «cambiaron de postura, lo que supone que quienes están detrás se quedan si agua. Por esta razón, la balsa del sector IX quedó en seco, porque se habían abierto canales hacia la zona no modernizada». Castellanos instó a la comisión «a que diga por dónde se ha marchado el agua. Aquí no se habla claro, no se ha gestionado bien y vamos a pagar justos por pecadores», ya que están en juego 10.000 hectáreas de regadío a presión, «que no ha consumido el agua asignada ni va a tener tiempo para hacerlo».
El responsable de Ucale-Coag advirtió de que el maíz «necesita agua en los próximos ocho o diez días» para desarrollar la panoja. «Si después no hay agua, al menos se salvan los muebles».
Los regantes modernizados exigieron ayer «un acta escrita» en la que se contiene el compromiso de poner vigilancia privada y la legitimidad de cortar el agua en la zona que riega por inundación, donde se ha gastado mucha más agua.
La comunidad de regantes dispondrá de los guardias jurados hoy con toda seguridad —ayer por la tarde se apuntaba la posibilidad, aunque remota, de que las patrullas comenzaran su tarea ya esta noche pasada—.
En cuanto al corte de agua para las fincas que riegan por gravedad, el presidente de la junta de gobierno pidió un acuerdo para que todos los regantes de ambas zonas puedan disponer de agua.
Desde la zona que aún no ha modernizado, Luis Javier Jáñez, acusó a la comunidad de que este año «no ha sabido gestionar el agua» y negó que la falta de agua sea consecuencia del riego por gravedad. «Aprovechamos la que se va con bombas», aseguró. En su opinión, el error en la planificación de los riegos ha consistido «en asignar 3.700 metros cúbicos por hectárea con el pantano de Los Barrios de Luna como estaba: al 60%».