Diario de León

sin crítica pero con esfuerzo e ilusión

Un Carnaval familiar de patio de colegio

Las propuestas de las comunidades escolares y los colectivos sociales y culturales nutren el desfile de la ciudad con un millar de integrantes .

Geishas y guerreros de San Claudio. SECUNDINO PÉREZ

Geishas y guerreros de San Claudio. SECUNDINO PÉREZ

Álvaro Caballero
León

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El carnaval de León está formado por personas monstruosamente diferentes, como se encargaron de mostrar ayer los chavales del colegio Quevedo. De repente, la ciudad se puede ver tomada por los nipones de la asociación de madres y padres de San Claudio o trasladada en el tiempo hasta el esplendor de Egipto, como se empeñaron en hacer ver los integrantes de la peña «No lo veo». Sí se pudo ver, con disciplinada armonía de movimientos, a los integrantes de la comparsa del centro educativo Luis Vives, que aprovecharon por hacer pedagogía sobre las fantasías del agua, justo delante de la propuesta con la que la comunidad escolar de Lope de Vega llenó de flores el jardín improvisado de las calles del centro y el casco histórico de la ciudad.

En medio de esta Carnaval familiar de patio de colegio que cada año permite nutrir el desfile de disfraces, este año de la Capital Española de la Gastronomía, omnipresente en todo acto público y evento de relevancia, se coló ‘Manjarín’, la mascota de la capitalidad, rodeado de pequeños manjares y una caja de cerveza artesana leonesa. Para abrir boca por delante, la comparsa de la asociación de Mujeres Progresistas se empeñó en dar gracias por venir, en un homenaje vintage a Lina Morgan, con sofás de escay incluidos, champán para el brindis y vestidos de plumas.

Al abrigo de las grandes comparsas, el desfile carnavalero se estiró con más de un millar de integrantes, aunque sin ningún tipo de tinte reivindicativo, crítica satírica o propuesta dedicada a ironizar con la actualidad política y social leonesa o española. En ausencia de estos apuntes, que nunca han abundado en la cita de la capital leonesa, el cortejo desafío al frío de febrero en la ciudad arropado por la ilusión de los participantes que cada año ocupan el centro de la calle. Por ahí discurrieron sobre ruedas casi 200 patinadores de todas las edades disfrazados de los Increíbles, otro grupo más pequeño de pitufos, habaneros de «Cuba Llibre», caballeros al trote, guardianes de hadas, emisarios de las cuatro estaciones, nefertitis, superhéroes en acción, protagonistas de los cuentos de siempre, gaiteros escoceses de Apeju, piratas del Camino, M&M’s sin riesgo de derretirse por el calor y colores de Auryn. La suma, con las 10 charangas y las carrozas de princesa y príncipe y de la asociación León Centro, convirtió a León en un carnaval.

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