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OPINIÓN José Magín GONZALEZ GULLON Periodista radiofónico
León

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B reve como un sorbo, ligero como un clarete y alegre como la vendimia son los mandamientos que parece pregonar con orgullo la feria vinícola que estos días celebra en nuestra ciudad la denominación de origen Tierra de León.

Desde tiempos bíblicos, con Noé como descubridor y primer catador del zumo fermentado de la uva, el comercio, la industria y por consiguiente la degustación del vino han sido costumbres humanas de gran tradición, incluso milagrosa según nos enseña la Historia Sagrada. El correr de la vida nos enseña también que «con pan y vino se anda el camino», y así parecieron entenderlo nuestros antepasados los arrieros maragatos que le abrieron nuevos horizontes llenando tinajas, fudres y bocoyes a los mesoneros que encontraban a su paso.

A este vino de León, a cuyo amoroso paladar nacieron tantas canciones, le puso ya en los tiempos modernos una primera y singular nota el nacimiento de la Cooperativa Comarcal de Valdevimbre con el aroma y el sabor del Prieto Picudo, hermanando, recogiendo y dando salida a tantos sudores entonces desperdigados de pueblos de campo largo y cielo hondo. Pueblos de nombre sonoro y cantarín, rosario de buenas costumbres, hermanados en su pronunciación: Villalobar, Villagallegos, Villamañán, Villacalbiel, Villacé...

Pueblos de tierra y paciencia, de gentes de corazón y de brazos que todos los otoños contemplan «como cantan las carretas con su carga de racimos camino de las bodegas». Su cooperativa, adelantada del Prieto Picudo, mantiene en el recuerdo a su primer presidente, Ignacio Martínez, hombre emprendedor, de entusiasmo contagioso y con vocación decidida de construir el futuro. Consiguió que visitara la bodega el entonces ministro de Trabajo y vicepresidente tercero del gobierno, el leonés Fernando Suárez, quien conquistado por las excelencias de aquellos caldos prometió pregonarlos. Y fuera o no cumplimiento de su promesa lo cierto es que al poco tiempo, según certificó la Casa de León en Madrid, al menos tres restaurantes de la capital habían incluido en su carta el vino de León.

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Pasaron los tiempos y la todavía reciente creación de la Denominación de Origen Tierra de León ha dado un impulso fantástico a este auténtico pura sangre que es el Prieto Picudo, al acoger en su seno a las bodegas de tradición y fama consolidada del sur de la provincia, Gordoncillo, Valencia de Don Juan, Valderas… cuyo vinillo de aguja, de suave degustación y fácil entrada ya es bendecido en toda España e incluso en el extranjero. Y una vez más es obligado destacar el esfuerzo callado y la labor entusiasta de otro leonés, Rafael Blanco, presidente del Consejo Regulador, protagonista y constante animador de esta ejemplar academia vinícola que se ha engrandecido y consolidado a nivel nacional.