Don Suero de Quiñones vuelve a sellar la hazaña en el puente más épico de León

El duelo se disputa seis siglos después. MARCIANO PÉREZ
Paso obligado de peregrinos desde hace siglos y uno de los monumentos más épicos del Camino. Épico en sentido estricto porque fue ahí mismo donde Don Suero de Quiñones rompió 300 lanzas en un duelo a vida o muerte. Un puente que es emblema jacobeo y orgullo de un pueblo y, además ayer, escenario para miles de personas que abrazaron el gran torneo de las Justas del Passo Honroso, el mismo monumento y la misma gesta. El caballero leonés volvió a repetir la hazaña. Esa que hace seis siglo selló a orillas del Órbigo con un solo objetivo: demostrar la valentía y alcanzar el amor de Leonor de Tovar.
Por eso el palenque vibró con emoción. Don Suero y el resto de caballeros entraron a caballo y triunfales en la arena, atravesando los arcos del puente. Antes, las autoridades, el mantenedor y la comitiva, las damas del Passo con sus bailes y gentes llegadas de todos los reinos siguieron al detalles el torneo.
A un lado aquellos que viven la fiesta de recreación en toda su esencia, ataviados con la ropa de la época, con los peinados y con todo el espíritu medieval. Enfrente sobre el puente y a sus pies miles de personas no dudaron en grabar con sus móviles la gesta, la batalla, las pruebas de los caballeros y la emoción que rodeó todo el escenario.
La Justas sumaron ayer veintidós ediciones y enarbolaron la bandera del éxito. Una cita que acumula detrás el incalculable valor del trabajo de decenas de personas que llevan más de dos décadas haciendo de esta cita una referencia cultural y festiva. Un mérito que destacaron algunos de los representantes de otras fiestas de recreación que quisieron seguir de cerca el evento. Cuenta la historia que en 1434, Don Suero de Quiñones quiso entrar en el libro de la valentía con letras mayúsculas. Una empresa sólo apta para un jinete de sangre leonesa. Una hazaña épica que hace seis siglos puso el nombre de Hospital en lo más alto de la épica y que ayer volvió a suscribirse.
Durante todo el fin de semana el Medievo estuvo instalado en Hospital. No solo el torneo propuso un viaje en el tiempo, fuera de él la Edad Media también fue protagonista en el mercado o en el campamento, con decenas de puestos y variadas actividades para los niños. Una fiesta de recreación que abre el calendario veraniego y que, pese a que todas las miradas se pusieron en la climatología, nada ni nadie quiso perderse la gesta. La hazaña que cada año consigue nuevos hitos y que tira de historia para seguir proponiéndose retos de cara al futuro. Don Suero revalido el coraje bajo la atenta mirada de las miles de personas que acompañaron las Justas. Ahora el reloj ya apunta a 2019.