Diario de León

León ‘cultiva’ el fondo del mar

Un ganadero de Saelices del Payuelo alquila hasta 80 hectáreas para el secado del alga que se obtiene del agar-agar Este verano el pueblo recibió hasta diez camiones diarios de ocle.

Pato Díaz se ha encargado del manejo del alga este año. RAMIRO

Pato Díaz se ha encargado del manejo del alga este año. RAMIRO

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A. Domingo | Redacción

León cultiva algas. La alfombra del fondo del mar termina en muchas ocasiones, en una superficie de 15 a 80 hectáreas de pastos, en la localidad de Saelices del Payuelo, en terrenos del agricultor y ganadero Fidel Baños García, que lleva 34 años dedicado,entre otras actividades, al secado del ocle —algas rojas de la especie Gelidium—, paso previo a la extracción del agar o agar-agar, utilizado en cocina como espesante y con aplicaciones en farmacia y cosmética. La provincia participa así en el negocio del oro rojo, como lo han bautizado en Asturias.

Las dificultades para el secado del alga junto al mar llevaron a las empresas que lo venden a otros países a buscar zonas en la que conseguir un proceso rápido, que evite la pérdida de las propiedades de la planta marina, y así, Baños García —que trabaja con ocle desde hace 34 años, recogiendo el testigo de su padre y su abuelo—, ha llegado a recibir en una campaña hasta 1.600.000 kilos de alga —300.000 más que los autorizados para arranque este año en Llanes (Asturias)—, procedente de Hendaya, el País Vasco, Cantabria y Asturias.

Este año la atención de su explotación le ha llevado a alquilar a una empresa de Llanes los terrenos para el secado, pero no ha realizado las labores propias del proceso. Así, la mercantil ha puesto la mano de obra para el manejo del ocle, —conocido en Cantabria como ocla y caloca en la costa vasca—. Al menos dos camiones diarios —con un carga de 20.000 a 25.000 kilos cada uno— han llegado este de la costa cantábrica a Saelices entre julio y septiembre, llenado el pueblo de olor a puerto de mar, con picos de diez transportes en los momentos en los momentos más fuertes de una campaña de tres meses en la que los buzos arrancan las algas del fondo marino.

El resto del año, las algas se ‘pescan’ por arrastre, ya que «maduran y durante unos quince días flotan en la mar». En otras ocasiones, se obtiene el alga por ribazón, cuando las mareas y las corrientes marinas las depositan en la playa. Las acumulaciones en la arena alcanzan hasta un metro de altura, explica Baños. Aunque el secado fue labor de buena parte de los pueblos de la zona, en la actualidad sólo Baños se dedica a esta tarea, ya mecanizada por completo.

El trabajador de la empresa Antonio Oves, José Luis Díaz, Martínez, más conocido como Pato, explica que en León «las algas «se esparcen por la mañana y por la tarde ya está casi seco». Con 22 años de trabajo en el sector, durante el verano ha dejado la costa asturiana para secar algas en Saelices. Es el encargado de voltear y amontonar las algas para su secado y posterior transporte para el obtener después la sustancia gelatinosa. Muchas algas se llevan a «China, Nueva Zelanda o Japón. Nos compran el ocle y luego nos venden el agar-agar mucho más caro, claro», señala.

Pato explica que el secado reduce las algas «a una cuarta parte» de su volumen». Con una volteadora las amontona en filas, que la empacadora dejará en balas redondas, obteniendo «50 fardos de 50 a 60 kilos» a diario. Las algas se manejan «igual que la hierba», sólo que la empacadora no las pica. Durante el invierno «también se trae» el ocle que arrastra el mar hasta la playa, «pero tiene más arena».

Las pacas se almacenan hasta su traslado de vuelta a las fábricas. Allí, «se introducen en grandes ollas para extraer el jugo y, de éste, el polvo blanco que es el agar-agar».

Para José Luis Díaz, al que las lluvias de mediados de octubre le acumularon doce camiones de alga en una parcela, ante la imposibilidad de secarlos, «en tres meses hemos secado mucho, cuando allí —se refiere a Asturias—, es imposible por el rocío de la mañana».

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