Diario de León

LEON DESDE LA CORTE/David Fernández

La inmigración, el gran reto del siglo XXI

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La preocupación por la llegada masiva de inmigrantes se ha convertido en uno de los asuntos principales en el debate político europeo. La última cumbre de la Unión, la de Sevilla, hizo de la inmigración su eje fundamental. El presidente del Gobierno, José María Aznar, logró situar en el centro de la agenda europea un asunto que necesita respuestas globales y difíciles de asumir, primero, y de poner en marcha, después. El auge de los partidos de ultraderecha en buena parte del continente y la asunción de parte de ese discurso radical por la derecha democrática -el caso español es un buen ejemplo- han hecho que los ciudadanos coloquen este asunto entre una de sus tres grandes preocupaciones (junto al paro y al terrorismo), algo impensable en España hace sólo unos años. En Europa residen 18 millones de inmigrantes. La ONU ya ha advertido al Viejo Continente de que necesitará acoger a otros 44 millones de extranjeros antes del año 2050 para mantener un crecimiento estable y asegurar la continuidad del Estado del Bienestar. Además, en Europa residen otros tres millones de inmigrantes clandestinos; a ellos se suma cada año medio millón más. Y mientras esto ocurre, más de la mitad de los ciudadanos de la Unión Europea asocian inmigración e inseguridad. Un discurso al que ayudan las declaraciones de algunos gobernantes, entre ellos los españoles. Europa necesita a los inmigrantes. Y España, también. Las últimas cifras oficiales aseguran que, a finales del primer trimestre de este año, 1.243.919 extranjeros poseían un permiso de residencia en España. A ellos se unen alrededor de trescientos mil inmigrantes indocumentados. En total, un 3% de la población española, que crece gracias, precisamente, a la llegada de extranjeros, como demuestra el último censo: en diez años, el número de extranjeros se ha cuatriplicado. A pesar de las bajas cifras, el 37% de los españoles considera que la llegada de inmigrantes supone automáticamente un aumento de la inseguridad ciudadana. Los expertos en inmigración trazan un boceto de la situación: en los últimos años se ha producido una llegada masiva de inmigrantes a España, pero aún caben más; su llegada ha producido un aumento de los delitos, pero casi siempre relacionada con situaciones de marginación social y falta de integración; ya son 761.473 (a 31 de mayo de 2002) los extranjeros afiliados a la Seguridad Social, lo que permite mantener un Estado del Bienestar saneado; a pesar de todo, sus condiciones son difíciles de mejorar dadas las características del mercado de trabajo español, cada vez más precario, con una economía sumergida que representa, según la UE, un 23% del PIB y un buen número de empresarios que prefieren mantener sistemas esclavistas utilizando a los inmigrantes sin papeles para mantener abiertos negocios que de otra forma nunca podrían existir. A pesar del fuerte rechazo de una buena parte de la población, España necesita más inmigrantes, al menos para cubrir 126.000 puestos de trabajo que los españoles rechazan. Esa es la realidad: españoles y extranjeros no compiten por los mismos puestos de trabajo. Así, según las cifras de la CEOE, España necesita 80.000 trabajadores extranjeros para puestos estables y 31.000 contrataciones laborales. Los sectores con mayor demanda: hostelería, construcción, agricultura y servicio doméstico. Justo los sectores que ya acogen al 64% de los trabajadores inmigrantes. Entre las regiones susceptibles de acoger más inmigrantes en los próximos años se encuentra Castilla y León, donde apenas residen 33.180 extranjeros legales, el 2,6% del total nacional. De ellos, 8.023 en León, la provincia con mayor porcentaje de toda la Comunidad. El fuerte envejecimiento y la pérdida de población hacen inevitable que buena parte del futuro desarrollo de Castilla y León pase por la llegada de más inmigrantes, con el esfuerzo que su integración conlleva. Los leoneses aún ven con cierta lejanía el problema. Y las fuerzas políticas aún no han comenzado a desarrollar la necesaria labor pedagógica que les corresponde. A pesar de que la inmigración será uno de los ejes de la campaña electoral de la próxima primavera y, sobre todo, de las generales del 2004. La gravedad de los problemas que vive la provincia no puede nublar la vista a largo plazo: la inmigración será uno de los retos que León tendrá que afrontar de inmediato. El fracaso del Gobierno central y de algunos Ejecutivos autonómicos, que no han sabido integrar a los extranjeros y se han limitado a poner en marcha leyes tan restrictivas como inútiles, debería servir como acicate a las instituciones provinciales y autonómicas y a los propios partidos para diseñar políticas integradoras que permitan aprovechar al máximo las virtudes de la inmigración y limitar sus consecuencias negativas. La ONU es tajante: España necesita 12 millones de inmigrantes de aquí al 2050 para mantener el sistema de pensiones. Una revolución social, demográfica y económica que inevitablemente afectará a León. Y, tras ver los datos del último censo, quizá más que a otras provincias. Sólo la pedagogía y la información evitarán la demagogia y vacunarán al sistema político contra las tentaciones ultraderechistas, xenófobas y racistas que comienzan a darse también en España.

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