OPINIÓN Padre Albano
Mi barrio ya no es mío
Ahora el barrio de San Lorenzo es mi barrio. Hasta hace poco lo era el del Ejido, también extramuros y a la salida. Ahora mi barrio es el de San Lorenzo. Sin sospechar que el de San Lorenzo sería mi barrio y mi parroquia, en 1980 escribí un librito sobre el barrio y la iglesia de San Lorenzo. Sin embargo, hoy día puedo decir que el barrio de San Lorenzo ya no es mi barrio. Tengo que explicarme para que el lector no piense que estoy jugando a los acertijos. Los límites del barrio son esencialmente los que daba en aquel escrito: San Pedro de los Huertos, La Serna, Quintanilla, Navafría, Navatejera, La Palomera, Los Perales, Los Palomares, Prado de San Juan de Sahagún, San Mamés, Plaza del Espolón y vuelta por los cubos y al muralla de San Pedro, y cabecera de la catedral. Explicar la historia precisa de esos puntos es una delicia. Al fin del escrito que he mencionado decía este servidor: «en perspectiva de mejora, dejo la historia de esa partecica de León». No es por dármelas de profeta, pero puedo decir que acerté, hasta el punto de poder decir veinte años después con la copla popular «mi barrio ya no es mi barrio, de tanto que me lo han cambiado». Sigue en el barrio el nombre de algunas calles de entonces: San Lorenzo, del Buen Suceso, Montealegre, Tremolina, Villamizar, Perales, La Palomera, San Juan de Sahagún, el Medul y alguna otra. Queda incluso alguna casa de aquellas recoletas, pero como pidiendo amparo ante el empuje. La mayoría de las casas y calles de ahora son nuevas y ya no a la sombra de la catedral, si no haciendo de parabrisas. El día 18 de mayo de 1980 se refería Victoriano Crémer a mi librito sobre el barrio. Después de unos párrafos laudatorios (gracias, amigo, compatriota, conciudadano y maestro) añadía: «es una descripción minuciosa y comprobada de uno de los barrios de más agitada y brava biografía de León. Esta realizada desde su condición de investigador religioso. Ha eludido el compromiso de reconstruir la escenografía de un barrio de algo de lo que la Pícara Justina anotara a su paso por el barrio de Santa Ana. Hubiera sido un complemento interesante. Pero claro es, el P. Albano no es la Pícara Justina». Cierto, maestro, pero tuve la intención de hacerlo, aunque no pasó de intención. También en tal sentido San Lorenzo ya no es mi barrio. En ese sentido, escribía Carmelo Hernández (Lamparilla) el 12 de agosto de 1965 en el Diario Proa: «una barriada que va cambiando de fisonomía. Va siendo la antítesis de aquel barrio sucio en todos los sentidos. Habrá más poesía en San Lorenzo, porque la nueva iglesia de los Carmelitas tiene también matiz poético». Hubo también algunos cronistas que expusieron su parecer ante la llegada de lo nuevo. Los llamé nostálgicos. Así, por ejemplo, Suarez Ema escribía en agosto de 1965: «San Lorenzo es hoy un barrio en vías de ser urbanizado». La primitiva iglesia trata de ser sustituída por otra de gran presencia. En 19 de marzo de 1966, fue inaugurada la nueva iglesia de no tan gran presencia como augurara Suárez Ema, pero sí de muy buena presencia y de muy buenos arreos correspondientes, poquitos años después. El benemérito y sacerdote don Antonio González de Lama, que entonces no tenía calle dedicada en el barrio, escribía el seis de marzo de 1968: «desde hacía años, a pesar de vivir cerca, no visitaba el barrio de San Lorenzo. Fui a la iglesia nueva a escuchar un concierto de la Capilla Clásica. Eché de menos la vieja Plaza con el Crucero. Quizá era demasiado poco urbano todo aquello, pero tenía su gracia. San Lorenzo está haciéndose un barrio como otro cualquiera. Es posible que sea mejor». Don Antonio, en medio de su nostalgia, también adivinó. Porque como digo, hoy día, a la distancia de apenas veinte años podemos recitar con el coplero: Mi barrio ya no es mi barrio.